Coca Cola y Bimbo, las más consumidas en México, ¿consecuencia?

Mala memoria y problemas de aprendizaje por altos níveles de azúcar y grasa

  • Científicos de la UNAM desarrollan modelo para identificar impacto en el cerebro
  • Revelan expertos de Biomédicas que exceso en la ingesta inflama la región del hipocampo

Emir Olivares Alonso
La Jornada

Una dieta con alto contenido de grasas y azúcares tiene repercusiones en el cerebro, sobre todo en el proceso de sinapsis (mediante el cual se comunican las neuronas), en la memoria de corto plazo y en la cognición.

El exceso en su consumo puede estar asociado con un estado de inflamación del hipocampo (región cerebral relacionada con el establecimiento de la memoria de corto plazo). Al someterse a una dieta con esas características, se padecen alteraciones bioquímicas y estructurales significativas.

En el laboratorio de Clorinda Arias Álvarez, científica del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), una de las líneas de investigación que se trabaja es la relación de la nutrición con el funcionamiento cerebral. En éste se ha demostrado que existen ciertos factores de riesgo metabólicos para propiciar un envejecimiento patológico y alteraciones en la cognición.

El cerebro responde a las situaciones del medio ambiente y de ahí surge su capacidad de recordar y aprender, lo cual es conocido como plasticidad cerebral. A consecuencia de ésta se entablan nuevas conexiones entre las neuronas que requieren la formación de membranas que permitan esta comunicación a partir de nuevas sinapsis.

Los primeros resultados de las investigaciones muestran que consumir alimentos con altos índices de grasas y azúcares causa alteraciones estructurales en las proteínas que se encargan de mantener la homeostasis (propiedad de organismos vivos de mantener una condición interna estable compensando los cambios en su entorno mediante el intercambio regulado de materia y energía con el exterior) neuronal, esto es, que exista un microambiente adecuado en las neuronas. También se encontró disminuido el contenido de una proteína durante la sinapsis.

Los científicos del laboratorio de Arias Álvarez desarrollaron un modelo para identificar cómo impactan a escala cerebral las condiciones que producen una resistencia a la insulina debida a dietas altas en grasas y azúcares. Para ello sometieron a ratas de laboratorio durante una semana al consumo continuo de ese tipo de alimentos.
El modelo se aplicó siete días, debido a que un día en la rata equivale en promedio a 30 del ser humano, lo que representaría que si una persona consume una dieta alta en grasas y azúcares durante varios meses podría sufrir esos cambios reversibles, que de prolongarse pueden contribuir al decaimiento cognitivo durante el envejecimiento.

Tras esos experimentos el equipo de investigación encontró que dicha alimentación se asocia con una resistencia a la insulina en células del hipocampo. Dicha resistencia está muy bien descrita en órganos periféricos, en el hígado o en el músculo, pero en el cerebro se ha explorado poco, comentó la científica.

Se trata, aseveró Arias Álvarez, de la primera etapa del trabajo de investigación, pues posteriormente pretenden analizar la “reversibilidad” del proceso, con el fin de desarrollar estrategias de nutrición y terapéuticas, así como encontrar qué condiciones durante la vida de un sujeto pueden ponerlo en situación de riesgo y llevarlo a un envejecimiento patológico.

La experta confía en que conocerán las alteraciones que, conforme pasa el tiempo, son irreversibles, dañan el cerebro y pueden estar asociadas con enfermedades neurodegenerativas.

Hay muchos alimentos que favorecen el funcionamiento adecuado de todos los órganos del cuerpo, el cerebro incluido. Al respecto, la académica universitaria aseveró que un componente muy importante son los ácidos grasos polinsaturados (llamados omega 3), que se encuentran en productos como el salmón y el aceite de oliva. Estos ácidos son fundamentales para llevar a cabo esta labor de plasticidad que tiene el cerebro.

Aunado a ello, el ejercicio físico es fundamental para producir moléculas que mantienen estados de adecuado funcionamiento cerebral. La científica recomendó evitar dietas nocivas para la salud que pueden tener repercusiones en ese órgano.

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