Un olvidado ámbito en que también se da la lucha de clases

Por Sowelu / Comunista.cl

Stephen Hawking, notable físico, académico, investigador y científico inglés, desde las décadas finales del siglo XX, ha alertado del peligro de dotar, sin estricto control, con inteligencia artificial a las máquinas (robots). En principio, se les prepara o programa, por ejemplo, para realizar más eficientemente tareas rutinarias, suplirnos en tareas peligrosas, trabajar en espacios intrincados, además para realizar viajes interplanetarios o interestelares (reabastecimiento de riquezas naturales y espacio vital), a distancias y tiempos (y probablemente entornos físico-químicos) no soportables por la estructura humana. En esta perspectiva, además de prepararles para autorepararse y sortear dilemas previsibles, se trata de que puedan discernir y concluir soluciones a eventos inesperados. Entonces, según Hawking, podría llegar el instante en que “su inteligencia” supere la nuestra, en que ya no les seamos útiles en absoluto para prosperar.

“El mundo feliz”, obra de Aldous Huxley, relata un mundo futurista en que todos los “humanos” son felices, con el pequeño detalle que ello es gracias a que la reproducción de la especie es mediada por la intervención genética de los embriones, en que, uno a uno, o se potencian o se “castran” eslabones del ADN, dando nacimiento a Alfas +, Alfas, Betas y otros seres, en que cada cual está programado para “gozar” la riqueza social cumpliendo un rol social previamente determinado (todos son completamente felices, amos y esclavos).

Hasta aquí, parece más ciencia-ficción que ciencia. No obstante, con el descubrimiento del mapa genético humano completo, ha proseguido, aunque desde un plano superior, la posibilidad de estudiar las relaciones más íntimas de nuestra existencia y desarrollo, o sea, las “formas de comunicación”, de influencia física, química, biológica entre células, tejidos, órganos y sistemas. Por tanto, se ha abierto la puerta a estudiar, experimentar, intervenir, trastocar y manipular físicamente el devenir humano.

Ahora, ¿y quién es dueño de recursos materiales ilimitados (“no he reparado en gastos”, Jurasic Park) para probar esto y lo otro, para experimentar hasta alcanzar lo que persigue? Sí, cientos de centros de investigación, universitarios y privados, abiertos y encubiertos, son sustentados por el gran capital multinacional (y por los Estados, como Chile, que protegen sus intereses), no sólo para lograr nuevas ventajas para acrecentar el lucro, sino que también para asegurarlo, garantizarlo en el tiempo, en la perspectiva de dar lugar al neoesclavismo, una humanidad absolutamente sometida (hasta agradecida) de servirle para mayores riquezas. Entonces, además, la dirección que tome la revolución científico-técnica y su explosivo desarrollo es un asunto estratégico para el capital, por lo que lo que acontezca en las disciplinas de vanguardia actuales: Biotecnología, Nanotecnología, Biomedicina, Inteligencia Artificial, Robótica, Tecnologías de la Información y Comunicación, es de su primordial interés.

Y si constatamos que la ciencia y la tecnología es otra de las armas o fuerzas en que se da la lucha de clases, nosotros, luchadores sociales por un mundo digno e inclusivo para todos, debemos al menos estar al tanto de lo que va logrando la perversa actividad capitalista en estos ámbitos del quehacer humano.

Una reflexión más. Es más o menos cotidiano efectuar un análisis de situación del entorno social en que desplegamos nuestro accionar. Y éste será más enriquecedor y probablemente más asertivo en el corto y mediano plazo, si incluye un estudio prospectivo, o sea, de previsión en qué direcciones y amplitud es irán mostrando o desarrollando las principales componentes y fuerzas comprometidas en ese período.

Ahora, nuestra mirada siempre estará en alcanzar, junto al resto de nuestra especie, el socialismo, formación social necesaria a desarrollar para lograr la sociedad comunista, por lo que siempre deberemos preguntarnos: “¿hacia dónde va la humanidad?”. Por tanto, también debemos prepararnos para intuir lo más acertadamente posible lo que pueda suceder “más allá del horizonte”, entrar en el terreno de la especulación, agregar al análisis algunos llamados de atención a elementos aún no probados, pero que a largo plazo eventualmente podrían ser significativos en la comprensión de esa realidad. Y ello, especialmente, considerando la formación de los jóvenes combatientes, quienes probablemente les vean corroboradas y/o enriquecidas en el entorno social, natural y cultural del pasado mañana.

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