El Papa rinde homenaje al obispo Samuel Ruiz, vilipendiado en otro tiempo por la iglesia

Flor Goche / Desinformémonos

Las campanas de la Iglesia Catedral repiqueteaban sin cesar. El Papa Francisco estaba por arribar a la plaza central de San Cristóbal de las Casas, Chiapas. Su homilía en el Centro Deportivo Municipal, traducida a tseltal y tsotsil, había concluido. Las pantallas montadas en las inmediaciones del recinto sagrado así lo dejaban ver. Reproducían la transmisión que el programa de variedades Hoy, de la empresa Televisa, realizaba sobre la visita papal.

En la Antigua Plaza de Armas había indígenas y mestizos; también extranjeros. Hombres y mujeres vestidos de azul y de verde, del Mando Único y del Ejército Mexicano, respectivamente. La congregación de personas no llegó al tumulto. A esta zona, el corazón de la ciudad, sólo se podía acceder con boleto.

“Objetos que contengan mensajes, símbolos y/o consignas de contenido racista, xenófobo o intolerante”, figuran en la lista de cosas prohibidas para ingresar al lugar, blindado con vallas de policías y detectores de metal desde las primeras horas del día.

El Papa, a bordo del papamóvil, rodeó la plaza. Un Kiosko en el medio. La gente gritaba; externaba su emoción. Ruidos que se mezclaba con el canto de las aves y con los incesantes campaneos. El Pontífice sonreía; sacudía su mano en señal de saludo.

Finalmente, Jorge Mario Bergoglio ingresó a la Iglesia Catedral en donde tomó los alimentos, acompañado de ocho representantes de las comunidades indígenas, elegidos por las 55 parroquias de San Cristóbal, además del obispo Felipe Arizmendi y de otros sacerdotes.

En punto de las 14:35 horas del día, llegó el momento que los sectores progresistas de la iglesia católica, así como muchos otros y otras, esperaban. El Papa Francisco se arrodilló frente al lugar donde yacen los restos de Samuel Ruíz, el obispo vilipendiado en otro tiempo por la propia iglesia católica, quien durante 40 años presidió la Diócesis de San Cristóbal de las Casas.

A decir del padre Gonzalo Ituarte, dominico y miembro del Consejo Directivo del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas, este instante, corto pero emotivo, significó el reconocimiento de la iglesia católica a la digna labor de Samuel Ruíz, al que los pueblos indígenas acogieron con el nombre de Tatic, además de ratificar la validez de la forma en que el religioso, teólogo de la liberación, practicó el evangelio hasta el día de su muerte: acompañando las causas de los pueblos indígenas.

“Su bendición y sabiduría siempre estuvieron del lado de la gente que es víctima en la historia; por eso fue objeto de un extraordinario ataque”, dice Gonzalo Ituarte.

Samuel Ruíz, obispo consagrado en 1960, presidió la Diócesis de San Cristóbal de las Casas durante 40 años. En este tiempo, insistió en la necesidad de acercar la iglesia y el evangelio a la realidad de los pueblos indígenas, a partir de las enseñanzas del Concilio Vaticano II. Él y su equipo emprendieron un proceso de evangelización entre las comunidades originarias, lo que representó una evolución religiosa, con impacto en América Latina.

Samuel Ruíz fortaleció a los indígenas chiapanecos en su reclamo de derechos, en su conciencia de lucha, lo que molestó, entre otros, a los sectores de élite beneficiados por la Colonia. Como resultado de este proceso, algunos grupos en Chiapas optaron por la lucha armada, en concreto, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional. El hecho fue atribuido a Samuel y a su equipo de evangelización.

Durante su homilía, en la ceremonia religiosa oficiada en el Centro Deportivo Municipal, el Papa Francisco citó al Popol Vuh, libro sagrado maya, considerado como texto pagano por el sector más conservador de la iglesia. Otro momento clave de la visita papal a Chiapas, refiere el padre Gonzalo Ituarte.

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