Del cura libertador al obispo rojo

Por OLEP

 

Cristianismo y socialismo

A propósito de la visita del Papa a México, deseamos abordar un tema que para muchos es un asunto sin relación alguna, sin embargo, creemos que el tema de la relación entre la religión católica, o cualquier otra, y el socialismo sigue vigente, porque tan vigente es la fe de millones de personas en algún dios, o en los santos o en la Virgen María, como lo es la necesidad de superar el capitalismo para construir un mundo justo, equitativo y digno.

En primer lugar, debemos decir que los socialistas no estamos peleados con la religión en general o con las personas que tengan fe en algún dios. Somos críticos de la institución eclesial, la Iglesia, que se ha convertido, como su nombre lo dice, en un Estado, en el Estado Vaticano, y que como tal tiene y defiende intereses económicos y políticos encubriéndolos con un manto de supuesta fe y desinterés por los bienes materiales. Somos críticos de que el Estado Vaticano y sus funcionarios fomenten la fe ciega, acrítica, y con ello fortalezcan a los gobiernos que, como el nuestro, aplica el terror y la sobreexplotación contra su propio pueblo.

Estamos en contra de las personas que abusan sexualmente de los niños y de las mujeres; de quienes roban, engañan y se ocultan tras una sotana obteniendo impunidad gracias a ella. Pero no estamos en contra de que las personas crean en el dios de su preferencia, siempre y cuando esta creencia no se vuelva un instrumento para desorganizar al pueblo, para convencerlo de que la vida terrenal nada vale y por ello debemos aguantar la injusticia, la miseria y los abusos, pues, al fin y al cabo, para disfrutar la vida eterna está el cielo.

Un ejemplo de cristiano y católico socialista es Don Sergio Méndez Arceo, séptimo obispo de la diócesis de Cuernavaca, quien planteó que el socialismo y la fe no estaban peleados y argumentó incluso que el socialismo era la única opción ante el sistema inhumano del capitalismo. Méndez Arceo, llamado el Patriarca de la solidaridad, estuvo al lado de las luchas obreras y campesinas del estado de Morelos y de otros estados y países; se mantuvo con el pueblo en la práctica y en la oración, en los hechos y en la reflexión.

Como organización, lejos de condenar por condenar la fe, recogemos el ejemplo de Miguel Hidalgo, José María Morelos, Mariano Matamoros y Fray Servando Teresa de Mier, curas que lucharon en la revolución de independencia, así como de Rubén Jaramillo, continuador de la lucha agraria y obrera de Zapata, quién a su vez era pastor protestante.

La fe por sí misma no es un problema, el problema surge cuando la fe se convierte en un instrumento más de la burguesía para dominar al pueblo y desorganizarlo, e impide la toma de conciencia proletaria del mismo.

El uso de la fe que hacen muchas sectas se ha vuelto un medio de control social y de contrainsurgencia, como lo demuestran las experiencias en Centroamérica en los años ochenta, sobre todo, y en nuestro propio país, donde algunas sectas creadas en los Estados Unidos llegan a los pueblos para dividirlos y confrontarlos entre sí.

Vino el Papa y se fue, pero este hecho nada cambió en la realidad material que vivimos; para algunos reforzó su visión progresista de la fe católica, para otros su visión conservadora. A final de cuentas, la visita del Papa se vuelve intrascendente si como socialistas no expresamos que el cristianismo y la fe en cualquier dios no son un obstáculo para comenzar la construcción de la conciencia proletaria y que, es más, en algunos casos puede ser, como ya lo ha sido, la entrada para la construcción de procesos organizativos que deseen la superación del capitalismo, por ser éste lo contrario lo que se supone que el dios cristiano querría para la humanidad.

 

NOTA: Este artículo fue publicado como parte de la sección ANÁLISIS del No. 15 de FRAGUA, órgano de prensa de la Organización de Lucha por la Emancipación Popular (OLEP), en circulación desde el 12 de marzo de 2016.

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