Lars Gustafsson, las grietas en el muro

Por Iñaki Urdanibia

« El señor Gustafsson es como un prisma que refracta la luz hacia los ángulos más inesperados…Si Susan Sontag se encontrara a mitad de camino con Woody Allen , obtendríamos el mismo género de jeux d´esprit, una visión no menos insólita y una efervescencia intelectual no menos bonachona»

                                                    ( John Updike )

« Sólo sucedía que si uno, agitado, contaba esto a alguien, siempre existía el riesgo de ser acusado de gruñón o, peor aún , de padecer manía persecutoria>>

                                                   ( Lars Gustafsson )

A principios de este mes, el día 3, fallecía Lars Gustafsson ( 1936-2016). La verdad es que hacía años que había perdido su pista, y es que todas y las de todos no se pueden seguir. A finales de los ochenta ciertamente me aficioné a su escritura en las primeras obras que se tradujeron de Pirineos abajo, por la editorial del agitador Mario Muchnik, introductor de escritores esenciales del panorama de las letras ( Elías Canetti, Bruce Chatwin, Irene Nemirovski, Ismaíl Kadaré, Léon Poliakov, …), en impecables traducciones de Jesús Pardo..

Decía François Maspero en su libro « Les abeilles et la guèpe» : « de todas estas abejas que me habían precedido, no había guardado nada de miel, únicamente el aguijón. Me había convertido en una avispa». No sé si sería justo aplicar tal cual la frase al escritor sueco, ya que siempre en todas sus obras no hizo sino usar el afilado aguijón, aunque también es verdad que no dejó de destilar rica miel narrativa y reflexiva para los lectores; relieve que los críticos no dejaron de señalar y que numerosos jurados literarios tuvieron en cuenta: ahí están su Medalla Goethe, en 2009, el Prix International Charles Veillon des essais en 1983, el Heinrich Steffens Preis en 1986, Una Vita per la Letteratura en 1989, un John Simon Guggenheim Memorial Foundation Fellowship para poesía en 1994, sin olvidar su repetida nominación para el Nobel. Los elogios no le faltaron tampoco entre sus colegas (Updike, Coetzee, etc.) con respecto a la afirmación de que Harold Bloom lo incluye en su dichoso canon occidental en el campo de la poesía…si se me permite, sin afán de dar la razón o quitársela a nadie, me parece que entra dentro, casi, del conjunto de leyendas urbanas; y me explico: aun a costa de dejarme las pestañas en el empeño miro tanto su « El canon occidental » (Anagrama, 1995) como su « Poemas y poetas. El canon de la poesía» ( Páginas de Espuma, 2015) y no hallo más que una mención en el primero de los nombrados en un listado final en el que se le nombra a él y a su Antología poética, por lo demás ni una sola línea y una ausencia total en los índices onomásticos..

Culminó sus estudios de matemáticas y filosofía, en Uppsala y Oxford, doctorándose finalmente en filosofía el año 1978 y ya para entonces estaba clara su afición, y dedicación, a la escritura y a las labores de edición, siendo el principal redactor de la inconformista revista sueca Bonniers Lítterära magasin; publicación que mostraba una tendencia extremadamente crítica con respecto a la socialdemocracia sueca y los valores que defendía…esto, que al principio le hizo cosechar un enorme éxito, acabó marginándole al considerársele como un elemento perturbador a los ojos del Estado. . Su carrera como profesor, de filosofía y literatura creativa, se desarrolló en Austin hasta su jubilación, en 2003, año en el que volvió a su país.

El tono crítico irrumpe en sus libros, me refiero a falta de conocimiento de sus libros en otros géneros a los de narrativa, con fuerza, embistiendo contra la estupidez ambiente y alzándose contra los diferentes engaños que tratan de edulcorar la injusticia y las invitaciones a la aceptación de los valores dominantes reinantes en la sociedad, que son vendidos como si se tratasen oro de ley cuando no son más que simples baratijas más propias de la bisutería chunga ( significativo resulta desde el punto de vista de su compromiso, el apoyo que prestó al partido pirata en las elecciones de 2009 al parlamento europeo, postura intempestiva que no era nueva y que mosqueaba a muchos de sus colegas de profesión). En su país podría afirmarse que utilizando la división de Eco, se le catalogaría más entre los apocalípticos que entre los integrados, ( << siempre había estado solo, un solitario en la literatura sueca, un solitario en la historia del arte, un solitario en la Academia» ), tendencia que se le acrecentó a partir de la sacudida el 68, « había a comienzos de los años sesenta una especie de crisis, de ambigüedad, de ironía fácil. Después los acontecimientos de París, en América, las protestas contra la guerra de Vietnam han marcado la literatura, hemos experimentado el sentimiento súbito de que la sociedad sueca no era lo que se creía, que en realidad existían mentiras, en el sentido moral del término, existían grietas en el muro… la literatura sueca fue la primera en criticar el desarrollo del modelo de Suecia como una utopía, como un mito que había comenzado mal, y que acababa mal».

Sería injusto no obstante dar una visón escorada solamente hacia el compromiso, que sin lugar a dudas es importante, mas no hasta el punto de poderse considerar como signo dominante único de su escritura, ya que su oficio de escritor también lucía en los aspectos más íntimos y personales de sus personajes, relacionados con la enfermedad y la vejez, por ejemplo en la que es considerada quizá su mejor obra, al menos la más celebrada y vendida: « Muerte de un apicultor » ( Muchnik, 1886), deteniendo su mirada igualmente en los cambios y transformaciones del yo y los continuos devenires de la identidad , en el vacío que domina nuestro mundo y el lenguaje y sus limitaciones , además de sus tergiversaciones que dan lugar a fosilizaciones cercanas al lenguaje de los chimpancés, yerk, de los que hablase el checo Ivan Klíma, trasunto de la newspike ( neolengua, nuevahabla) de George Orwell; no es extraño teniendo en cuenta lo dicho que en algunos momentos la presencia, implícita y explícita, de las ideas de Wittgenstein se dejen notar, del mimo modo que las huellas de Wundt, Borges, Jean-Paul Sartre, H.G.Wells, Jan Potocki, Stanislaw Lem, Nietzsche, Kierkegaard, y en no pocas ocasiones las abiertas alusiones a los líderes del anarquismo y del marxismo. Con respecto al yo , y de paso con respecto a la mirada sobre la realidad que el escritor atribuye a los suecos ( y a sí mismo), es significativa su aseveración: « existe entre los suecos una gran concentración sobre el objeto, una tradición que proviene del gran Linneo, el contemporáneo de Bufón. Es preciso desarrollar el ojo para observar minuciosamente la naturaleza: es una cosa que se me ha dicho desde que yo era un jovencito. Tranströmer cuenta lo mismo. ..Si el cogito de Descartes es el método francés, nosotros tenemos nuestro propio método sueco»., y sobre la cuestión de la identidad se pueden leer en boca de uno de sus personajes estas significativas palabras « lo que de verdad le fascinaba más que todo era la posibilidad de ignorar literalmente quién era uno, pues en un momento dado se le antojaba un estado incómodo e incomprensible, y al siguiente tenía la impresión de que era el estado en que había vivido toda su vida, y en el que, por otra parte, vivían también los demás seres humanos.

Bajo el nombre del título de este artículo-necrológico-homenaje se publicó una pentalogía que ,como la expresión indica, señala y mete el dedo en las grietas del muro que algunos presentan como el non plus ultra, y en este orden de cosas, critica sin ambages a la socialdemocracia sueca que más que incitar la creatividad y la marcha hacia delante de los ciudadanos, adormece al personal al propagar la falacia de que éste es el mejor de los mundos que se puede perseguir, siempre defendiendo la idea de que no hay final, glorioso, sino que en la historia de todos los humanos todo es un continuo recomenzar. En los cincos libros que señalo. el escritor somete la sociedad de los setenta a un exhaustivo retrato siempre bajo la bandera de resistamos. En el primer volumen, « El señor Gustafsson en persona» ( Muchnik, 1988) se presenta al escritor , en viaje a Frankfurt con una compañera de vuelo que le va a servir de Virgilio en su exploración, revisando su vida, en una mezcla de desánimo, ira, ironía y desenfadado humor con los que critica sin piedad la mentira, el cinismo y el ejercicio del poder al amparo de la complicidad de clases; «nuestro rechazo general de la realidad existente , nuestra convicción general, profunda, obscura y terca, de la capacidad final del hombre, del intelecto para crear historia, nos une a todos, nos transforma en amigos »…con ciertas resonancias del cogito camusiano: me rebelo luego somos. La segunda entrega, « Olor a lana » ( Muchnik, 1988) retrata los tiempos de la reconversión industrial, paro, huelgas, drogas y dramas varios, disturbios y manifestaciones contra la guerra de Vietnam; estamos a principios de la década de los setenta , y la novela –quizá la más violenta y clara en sus proclamas entre las suyas – muestra los sueños que originaron, en quienes las vivieron, las movilizaciones de los sesenta y la posterior oleada de desánimo. « Fiesta familiar » ( Muchnik, 1989), la siguiente desvela las serias dudas de conciencia que asaltan a un funcionario que es conocedor de las mentiras gubernamentales con el fin de ocultar a la ciudadanía las nefastas consecuencias de un desastre ecológico ( no podría decirse que el escritor era un émulo de Isaías, pero sí se puede afirmar que en parte mostraba una situación que posteriormente padeció su país a resultas del escape nuclear de Chernobyl; Suecia fue uno de los países más afectados por el desastre nuclear ). La penúltima entrega es « Segismundo» ( Muchnik, 1987), un viaje por el Berlín de los setenta entreverada con las andanzas de Homero, las escenas de Dante y el mito de Fausto, y los recuerdos de su niñez y de los ambientes militantes vividos en su juventud, con la sombra de un alter ego del autor, que no es otro que Segismundo III de Polonia, muerto en 1632. La última, y como queda dicho la más celebrada ( y vendida), es « Muerte de un apicultor » ( Muchnik, 1986), en ella, a través de las cavilaciones y notas de un hombre cerca de las puertas de la muerte, se nos aproxima a los temas del dolor, de la muerte, del vacío en el que chapotea la humanidad, en medio de la soledad de los individuos y con la honda sensación de que « la palabra “yo” es la más carente de sentido de todo el idioma. El punto vacío del idioma», los límites del lenguaje…siempre « tratando de entender el laberinto » de la existencia, y con la presencia continua de « el hombre , ese extraño animal que vacila entre el animal y la esperanza ». En línea con las novelas anteriores puede situarse su « La tarde de un solador » ( Anaya&Mario Muchnik, 1996), en la que dirige su mirada a Uppsala en los años ochenta en donde era habitual hacer chapuzas en la rama de la construcción entonces en auge; un jubilado anticipadamente se encarga de azulejar un cuarto de baño y en el transcurso del día se le van acumulando pensamientos en los que se va hundiendo en los círculos del vacío; la novela pone en paralelo la situación del protagonista con la de la condición humana y más en concreto con la situación de la sociedad escandinava , con las correspondientes críticas al socialismo trivial, que se presenta como un fin en sí mismo más que como un posible instrumento que pueda servir para avanzar hacia la liberación humana.

De diferente corte narrativo y de género, si bien con las mismas constates críticas, se mueven otros dos libros: « El tercer enroque de Bernard Foy » ( Versal, 1986) , misiles, y persecuciones delirantes, intrigas y una desatada imaginación con el telón de fondo de un yo escindido y unos agujeros negros en lo que hace al sentido; o « El extraño animal del norte » ( Anaya& Mario Muchnik, 1992) que es un viaje desde la óptica de la ciencia-ficción, que señalan unas perspectivas un tanto desesperantes para el idioma sueco.

En fin, Lars Gustafsson, un escritor que prestaba oído fino a lo que le rodeaba no sólo en el campo de lo macro, sino especialmente de lo micro, de lo cercano, de lo cotidiano, de las mujeres y de los hombres cercanos, de la calle, que es de donde tomaba la materia para su personajes, convirtiendo la nimiedad en materia de trascendencia, y al que la verdad es que de Pirineos para abajo no se ha prestado la atención debida, muy en especial en lo que hace a su obra poética y a sus ensayos, que viendo lo visto seguro que rebosan en sagacidad.. .

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