El libro, más que un simple placer


Por Cristóbal León Campos

El libro es fiel a la palabra y a nosotros los seres humanos. Así como honramos a Miguel de Cervantes Saavedra, también lo hacemos con nuestros escritores locales, Emilio Abreu Gómez y su bellísimo Canek o Antonio Mediz Bolio y su obra La tierra del Faisán y el Venado.

La palabra nos hizo humanos, configuró la forma en que nos comunicamos, estableció la posibilidad de entendernos, de expresar los sentimientos y de sobre todo de hacer arte con las letras. El libro, compañero fiel de la palabra, es el depositario de sueños, historias, romances, pasiones, aventuras y todo hecho humano. El libro es el testigo fiel de nuestra evolución como sociedad.¿Quién no tiene un libro favorito? ¿Una historia que recuerda desde la infancia o que conoció al crecer contenida en algún impreso? ¿Cómo olvidar los libros resguardados con recelo en la familia o casa de algún amigo por su belleza física o por su importante contenido? Todos tenemos recuerdos en torno a los libros, no sólo los de texto que utilizamos en nuestro aprendizaje escolar, hablo de los libros de literatura o de historia, esos que nos transportan a lugares mágicos o que nos dan la posibilidad de conocer y reconocernos, que nos abren la mente y nos hacen sentir todo tipo de emociones.

Hay historias que han transcendido en el tiempo, que sin importar el año en que fueron impresas como libro, logran permanecer vigentes, se convierten en referentes de la literatura, de la palabra y desde luego de los libros. Estas historias son escritas por hombres y mujeres que han sabido plasmar mundos imaginarios con ese toque peculiar de humanidad, a ellos debemos la oportunidad de soñar con las manos llenas al sostener un libro. El libro es el medio que nos transporta a otros mundos.

Un 23 de abril de 1616, de hace cuatrocientos años, falleció uno de esos grandes autores, generador de toda una revolución en la literatura universal, un hombre que le dio a la palabra otro sentido, que no únicamente resinificó las reglas lingüísticas de la lengua castellana, sino que además, dio al mundo la posibilidad de soñar, de volverse utópicos, de ver en los sueños la esperanza y de comprender que esos ideales son los que nos dan vida, hablo de Miguel de Cervantes Saavedra.

Miguel de Cervantes, el personaje real, suele quedar con frecuencia oculto por la proyección de la figura quijotesca protagonista de su gran creación literaria: Don Quijote de la Mancha. Es justo que reconozcamos su obra, pero también lo es que conozcamos su vida. Debemos rendirle un homenaje al hombre y comprender el devenir detrás de su obra. Con esa idea, la de homenajear a los hombres y mujeres, la de honrar sus obras y reconocer su valor, es que el 23 de abril de 1926, la Conferencia General de la UNESCO decidió rendir un homenaje mundial al libro y sus autores y, alentar así, a todos, en particular a los más jóvenes, a descubrir el placer de la lectura y respetar la irreemplazable contribución de los creadores al progreso social y cultural. Celebramos al libro, a los autores y a la lectura. Y es precisamente la lectura de sus obras el mejor homenaje.

En Yucatán, la circulación de la obra de Miguel de Cervantes Saavedra, a encontrado varios momentos relevantes, en particular Don Quijote de la Mancha. Expresiones de su influencia y de su lectura las tenemos ejemplificadas en los escritos de dos grandes pedagogos, que a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, le dedicaron el ejercicio de su pluma. Manuel Sales Cepeda y Eduardo Urzaiz Rodríguez, cuya obra literaria resalta entre los intelectuales de su época, dejaron testimonio de la relevancia que Cervantes alcanza, su influencia y su presencia entre la literatura leída e influyente den Yucatán. Análisis estéticos y psicológico, utópico y literario, ambos pedagogos hacen uso de sus conocimientos y perspectivas, que dicho de paso, no necesariamente comulgan, pero engrandecen las aportaciones que el magisterio ha hecho a la cultura en Yucatán, algo que debe valorarse en su justa dimensión. El Quijote ha recorrido el mayab como muchos otros grandes de la literatura universal.

En Yucatán leemos, no como se desea pero leemos, los jóvenes, los niños en las escuelas y hogares, los adultos y los enamorados, los maestros y todos quienes reconocemos en el libro un aliado que siempre nos acompaña en los momentos más alegres o en los de mayor angustia, todos leemos. El libro es fiel a la palabra y a nosotros los seres humanos. Así como honramos a Miguel de Cervantes Saavedra, también lo hacemos con nuestros escritores locales, Emilio Abreu Gómez y su bellísimo Canek o Antonio Mediz Bolio y su obra La tierra del Faisán y el Venado. Pero no únicamente a ellos, a todos, a los escritores comunitarios que atestiguan las tradiciones e historias locales, a nuestros poetas que expresan nuestros más profundos sentires, a los escritores en lengua maya, a ellos en especial, pues mantienen viva la llama del fuego de nuestro origen, a todos, a nosotros por reconocer el valor del libro, por disfrutar la lectura y por difundirla como una herramienta pedagógica, pero también, como una necesidad humana. Leamos, disfrutemos de los libros y conozcamos a sus autores.

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