¿« Religión » ha dicho?

Por Iñaki Urdanibia

Afirmaba André Malraux que el siglo XXI sería religiosos o no sería…no sé, mas lo que sí que salta a la vista es la presencia del hecho religioso y de quienes se reclaman de alguna de las religiones que copan la palestra.

Mucho se ha escrito y valorado acerca de la religión a lo largo de la historia: desde quienes pertrechados con la fe afirman , sin ambages, la existencia de un ser superior, creador, etc., a quienes piensan que tal hipotético ser no es más que una creación de los humanos que se despojan de sus atributos para entregárselas a él ( Feuerbach), pasando por quienes niegan tal existencia y consideran que quienes mantienen dichas creencias dan muestra, amén de ignorancia, de alguna perturbación psíquica ( Freud), de dejarse adormecer por el opio del pueblo ( Marx), pasando por quienes han mantenido que la religión-aunque mentira ( útil)- sirve para estructurar las sociedades, para dotar de cierto orden al personal, sin olvidar a quienes sostienen-y eso sí que es de una claridad evidente- que la diversidad en lo que hace a las religiones y creencias es , como la que sostenía Aristóteles con respecto al ser, plural ( subrayado en el caso de lo religioso por William James) …hasta quienes , como el bueno de Gustavo Bueno, aseveraba que las cuestiones relacionadas con la religión han de preocupar principalmente a los ateos –lo creyentes no tienen problemas- con el fin de tratar de explicar cómo es posible que tanta gente se deje llevar por tales creencias.

Pues bien, acaba de ver la luz un ensayo de Javier Sádaba Garay, « La religión al descubierto» (Herder, 2016) que bien merece la pena para cualquiera que desee explorar ese terreno que se quiera o no impregna la vida de los humanos, reflejadas en diferentes expresiones del quehacer humano ( arte, cultura, arquitectura, música…); de ahí la justa , y reiterada, reclamación por parte de Sádaba de que en la enseñanza reglada se imparta una asignatura como historia de las religiones ( nada que ver con las jaculatorias dogmáticas que se predican por los nombrados por los respectivos obispos). La exploración es clarificadora donde las haya y no cabe la menor duda que el guía es de altura. No es la primera vez que el portugalujo se adentra en el mundo de las religiones: anteriormente y sin afán de pasar lista recuerdo que había penetrado en el mundo de las creencias, había estudiado las relaciones del hecho religioso con la lógica, nos había entregado unas brillantes lecciones de filosofía de la religión, sin obviar sus frecuentes incursiones en el asunto en sus numerosos libros de ética o sobre su admirado Wittgenstein ( y…de lo que no se puede hablar, se acaba hablando más y sin parar, contra los límites del lenguaje y/o entrando en otros juegos de él).

El libro , como señala su autor, es de divulgación lo que no quiere decir de ninguna de las maneras que estemos ante un cúmulo de simplificaciones, sino que las ordenadas derivas ( y que se me excuse el oxímoron) se extienden por diferentes campos que van desde la filología, a la neurorreligión, pasando por las referencias filosóficas, históricas, mitológicas y antropológicas, siempre en un juego de la oca en el que unas nociones envían a otras sin crujido . El trabajo de delimitación es destacable y el de balizado también, resultando así que la travesía por esa poliédrica esfera de la actividad humana resulte clarificadora hasta el deslumbre: en la medida en que avanza la travesía las distinciones se van asentando : así, las diferencias entre teología negativa, teodicea, religión natural o revelada, las creencias, los rituales, las distintas religiones-desde las monoteístas las sin dios…-, la noción de pecado, laicismo y laicidad, la oposición entre neuroteología y neurorreligión…en un trabajo riguroso de desbrozar el camino, cual avezado jardinero del tema, y de ajustar cuentas con algunas nociones consagradas por el uso, y el abuso. Y en eso se muestra cartesiano, hasta las cartolas,: marcando la claridad y distinción precisas en lo que hace a la determinación de nociones y términos. No está de más añadir que además de carácter divulgativo señalado, el autor no se mantiene en una insipidez neutra sino que se pringa al mantener abiertamente que respeta a quienes creen siempre que no impongan, o traten de hacerlo, su credo; téngase en cuenta que la exploración también tiene su exigencia para el lector ya que Sádaba pone las cartas encima de la mesa y es a quien las vaya conociendo a quien corresponde la decisión última con respecto a qué postura adoptar.

El libro, breve pero auténticamente intenso nos conduce por caminos que llevan a alguna parte( en contra de los holzewege heideggerianos que , por cierto, también conducen a parte alguna) dividiéndose en tres partes: en la primera se expone el objeto de estudio, lo religioso, y algunas constantes que llevan aparejadas tales creencias: así, fundadores, textos sagrados e iglesias; sin obviar la luz que arroja sobre el llamado protestantismo, haciendo especial énfasis en Lutero y sus motivaciones para alzarse contra la disciplina vaticana ( la fe versus los actos, el asunto de las indulgencias, y la predestinación). A continuación, se detiene en las relaciones existentes entre la religión, la ética y la política, dedicando igualmente algunas jugosas páginas a la vida cotidiana y la espiritualidad. Por último, se adentra -casi me atrevería a decir que se atreve a aventurarse- en los pagos de la llamada neurorreligión, disciplina que aun estando todavía en sus primeros tanteos , apunta, desde una óptica crítica, racional y científica ( y no laudatoria con respecto a la religión que es la labor de la neuroteología); completando el repaso con unas reflexiones sobre la libertad y sus diversos condicionamientos. En un par de ocasiones señala los experimentos realizados por Persinger con el fin de demostrar « la conexión directa entre algunas partes del cerebro y determinadas formas de religión», y se detiene igualmente en las teorías del gen religioso y otras…

La lectura resulta amén de iluminadora del espacio visitado, amena debido al tono desenfadado, que no huye de ejemplificar lo que se afirma, o duda, con ejemplos y anécdotas que aligeran la exposición, a no ser que alguien se cierre en banda y se niegue a pensar sobre el tema porque se lo prohíba su religión o falta de ella; el objetivo que el autor señala desde las primeras páginas pienso que se han cumplido con creces:« creemos haber presentado un cuadro que sirva para entender qué son las religiones…Lo que suele faltar es un esquema que consiga aunar la historia, los modos de ser religioso y las derivaciones o los problemas que estos tienen y suscitan en tantos campos. En este sentido, hemos intentado ofrecer una mínima y ágil “ Filosofía de la religión”…que sea instructiva, que anime al estudio más concreto del tema y que ayude a la vida de cada uno de nosotros». Y conste, por si hace falta, que el tono elogioso de esta recomendación no es debida, de ninguna de las maneras, a cualquier criterio relacionado con la amistad y el correspondiente uso del asfixiante botafumeiro, sino que responde a la verdad pura amén.

No quisiera concluir, no obstante, sin señalar que, a mi modo de ver, no hubiera estado de más añadir al final de la obra una pequeña bibliografía para seguir hurgando en el tema y sus adyacentes asuntos, y lo digo ya que la lectura puede crear un deseo de ir más lejos en lo que hace a las indagaciones clarificadoras.

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