Magisterio formador de futuro


Por Cristóbal León Campos

La educación es un amplio movimiento cultural, cuyas expresiones pedagógicas, educativas e históricas, nos hablan de uno de los sectores sociales más influyentes desde el siglo XIX, la evocación del magisterio es en muchos sentidos, el repaso de momentos determinantes de la formación de la nación mexicana. El magisterio, su conformación y aportaciones son vitales para la compresión del México actual.

El surgimiento de las instituciones dedicadas a formar docentes, en los ámbitos urbano y rural, se expresan de diversas formas, teniendo puntos comunes a través de los planes de estudio y el ideal educativo, cada una de las escuelas normales, tiene en su legado, periodos gloriosos y coyunturas de crisis, hechos que concatenan los ámbitos políticos, sociales, económicos y culturales, son sin duda, un claro reflejo de la vida en el país.

Las políticas educativas, las reformas, la manera de concebir la educación, las ideologías y los valores gubernamentales, están directamente relacionados con el quehacer magistral, ninguna institución en México manifiesta mejor los diferentes intereses entrecruzados que el sistema educativo. Las escuelas normales son cuna de sueños y metas, de esperanzas y deseos de desarrollo, son también, laboratorio político y experimental, la historia del normalismo es síntesis de la identidad cultural. Hoy son criminalizadas como semilleros de terroristas.

El normalismo se ha interpretado de diferentes formas, sus manifestaciones se particularizan en cada centro escolar, en cada ciudad o comunidad rural que alberga un escuela normal, el normalismo es la praxis generacional de hombres y mujeres dedicados a dar su vida por la enseñanza, el maestro es el actor primordial en el proceso educativo, ellos son los pilares de una historia que aún sigue escribiéndose, son la fuerza que contribuye al desarrollo de la nación. El normalismo es un movimiento social con marcadas expresiones históricas a lo largo y ancho de toda la República mexicana y, desde luego, en cada estado que la compone hay una reminiscencia por rescatar.

Desde la conformación de la nación, al término de la guerra de independencia y la instauración de los primeros gobiernos mexicanos, se comenzó a discutir cual sería el mejor modelo educativo, cuál sería la forma adecuada a los intereses nacionales de transmitir los valores que darían forma a los futuros ciudadanos, además, se discutía sobre que debía en enseñarse. Cerca de dos siglos han transcurrido desde entonces, los debates en torno a la educación continúan, los cambios de modelos de enseñanza, reformas curriculares, legales y pedagógicas, se registran en el acontecer diario y, son precisamente las escuelas normales, el lugar donde se manifiestan estas realidades.

El magisterio afronta a diario el reto de hacer patente su misión, transmitir enseñanzas a la infancia y juventud mexicana, las condiciones cambian en cada región, deben enfrentar la pobreza extrema, andar senderos interminables todos los días para poder llegar a sus centros de trabajo, en estados como Oaxaca, Guerrero, Chiapas las condiciones infrahumanas se agudizan, la conciencia social surge de la necesidad y su reconocimiento, son las mujeres y hombres dedicadas a este apostolado los que a su cargo tienen en muchos sentidos el futuro de la nación, del tipo de ciudadanos que se formen dependerá el porvenir. Sus historias, semejantes y contradictorias, cercanas pero con marcadas particularidades, nos dan muestra del papel primordial del profesor en las comunidades, en la cultura y en la sociedad, su figura, descuella y se registra como un generador de transformaciones revolucionarias.

Estos tiempos son convulsos, el magisterio en resistencia lucha no únicamente contra una llamada “reforma educativa”, lucha por la educación, por continuar una larga tradición, se rebelan para defender a la nación. Son muchas décadas en movilizándose, ahora, en esta coyuntura, enfrentan de nuevo la violencia de estado, la sinrazón del poder sordo y obstinado, quieren imponer algo que ni ellos entienden y, no lo entienden, porque ni ellos pueden explicar el carácter “educativo” de esta reforma.

El destacado papel que tiene el magisterio en la sociedad y en las transformaciones revolucionarias del país es de valorarse, no sólo como un hecho histórico, sino como la muestra de la importancia de quienes tienen a su cargo la formación de las nuevas generaciones mediante la entrega de su esfuerzo y vocación. Hoy una fundamental enseñanza se imparte en las calles del país: los derechos se defienden y se conquistan, los maestros luchando también enseñan. El magisterio siembra futuro en tiempo presente.

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