¿Qué fue de los refugiados?

Juan Ibarrondo

Se dice que la memoria humana es caprichosa y que tendemos a olvidar los males ajenos con facilidad. El psicoanálisis explica el olvido -o la amnesia-  como un mecanismo de defensa de la mente humana para evitar enloquecer de dolor ante traumas psicológicos de gran calado.

Sin embargo, ese olvido, que puede ser útil en situaciones extremas, si se prolonga en el tiempo acaba convirtiéndose en neurosis,  pues imposibilita tomar las medidas adecuadas para superar las causas de la desgracia o el trauma que nos aqueja.

Tal vez eso explique, en parte, el olvido generalizado y progresivo de la mayoría de la sociedad hacia uno de los mayores dramas de este siglo, un drama que sucede ahí mismo, en las puertas de nuestra casa común, al otro lado de los muros de la Europa fortaleza.

En los últimos tiempos, hemos asistido a una serie repetida de imágenes terribles en la pantalla de nuestros televisores. Veíamos, cómodamente sentados en el sofá, como se ahogaban, uno detrás de otros, hombres, mujeres y niños tratando de alcanzar las costas europeas.

Hemos visto como guardias civiles disparaban pelotas de goma contra cuerpos inermes a merced del mar, como se deslizaba la sangre sobre las concertinas, madres ahogadas por poner a salvo a sus criaturas, niños muertos en las playas devueltos por el mar como ballenas varadas… Y en un momento dado, sobrepasados por tanta crueldad, por tanto sufrimiento evitable,  hemos decidido volver la cabeza y no mirar más.

En parte ése ha sido el origen del olvido. Pero sólo en parte. No sólo ha sido una debilidad humana justificable la que explica que en los medios de comunicación no aparezcan ya casi noticias sobre los refugiados.

Las agendas de los medios no las marcan los lectores o los telespectadores, como aseguran sus responsables, o por lo menos no sólo ellos.

Juegan en esto  otros factores, como los intereses políticos y económicos de las grandes corporaciones mediáticas, que son las que marcan las agendas informativas de la inmensa mayoría de los medios de comunicación. Grandes conglomerados empresariados ligados al poder político,  que no están interesados en perjudicar la imagen de la UE y sus gobiernos.

Por tanto, prefieren destacar otros asuntos: más banales como la Eurocopa, o más favorables para justificar sus políticas de seguridad,  como el terrorismo fundamentalista o la maldad de las mafias de personas…

Obviando la simple pero evidente verdad de que todas esas personas -que ya no nos muestran como antes-  no habrían fallecido si se les hubiera facilitado un asilo político al que tenían derecho según las normas del mundo que- contra toda evidencia- insistimos en llamar civilizado. 

Todo esto lo sabemos,  y podemos incluso criticarlo en las redes sociales, convencer a los convencidos, escribir artículos como este…,  pero también sabemos que -por desgracia- de poco servirá para cambiar las cosas.

El infamante tratado de la Unión Europea (UE) con Turquía, las componendas y “sobornos” con las dictaduras del otro lado del Mediterráneo seguirán su curso…, y la amnesia colectiva seguirá encubriendo las muertes, el sufrimiento, la crueldad de políticos que por no perder un voto prefieren tener su patio trasero lleno de cadáveres, el auge de la extrema derecha, la xenofobia escalando posiciones a las puertas de casa… todo seguirá igual.

O no. Tal vez todavía estemos a tiempo dar un puñetazo sobre la mesa que nos despierte, provocar un sobresalto, un estruendo mediático que ponga las cosas en su sitio. O por lo menos tenemos la posibilidad de intentarlo.

Esto es lo que trataremos de lograr -junto con otras iniciativas- con la caravana de autobuses que el 15 de julio partirá para Grecia. 

Lanzar un grito bien alto capaz de romper la modorra veraniega. Concienciar y concienciarnos  sobre lo que está pasando en un país convertido contra su voluntad en un gran “campo de concentración” a cielo abierto; y después,  gritarlo  a los cuatro vientos.

Lo haremos por ellas, por las personas refugiadas, y por nosotras, porque si la amnesia continúa, si no somos capaces de mirar de frente lo que pasa a nuestro alrededor, acabaremos convertidos en marionetas sin dignidad ni voluntad propia, títeres al servicio de los mismos amos que niegan el pan y la sal a nuestros vecinos que huyen de la muerte y la miseria.

Lo haremos por nuestros hijos y por nuestros mayores, que tuvieron que salir hace no tanto  de nuestra tierra huyendo de otras guerras, de otros fanatismos, de otros fundamentalismos… Y lo haremos también  por quienes los acogieron entonces, y por los que ahora en países empobrecidos comparten lo poco que tienen con los que no tienen nada. 

Todavía puedes apuntarte.

Juan Ibarrondo

Gasteiz 30/06/2016

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