El movimiento magisterial: balance y perspectivas

Comité Central del POS

Después de tres meses y medio de huelga, los maestros de Oaxaca decidieron volver a clases. Con esta decisión, se cierra una jornada de lucha. Es necesario analizar sus resultados y calibrar las perspectivas. Docentes y padres de familia han iniciado un saludable intercambio de ideas que forjará la percepción de lo obtenido y de las tareas a seguir. Desde Carabina 30-30 queremos aportar cinco elementos para un balance.

1. Empate entre la CNTE y el gobierno

La CNTE quería derogar la (contra) reforma, y el gobierno aplicarla en todo el país al destruir a la Coordinadora. Ninguna de estas cosas ha sucedido. La reforma no ha sido echada para atrás, pero la CNTE está más fuerte. Era correcto exigir la derogación, pero conseguirlo dependía de la fuerza real. Para decirlo sin rodeos: no podía esperarse que cuatro estados combativos –Michoacán, Guerrero, Oaxaca y Chiapas– consiguieran algo para lo cual se necesitaba a la mayoría del magisterio del país.

Lo que sí podía conseguir la CNTE –con sus actuales fuerzas– era una reforma de la reforma –es decir, limar los aspectos más punitivos de la ley. Y desde esta perspectiva, es posible extraer un balance menos simplista. Aunque el paro de la CNTE arrancó el 15 de mayo con una opinión pública dividida, la matanza de Nochixtlán fue un tremendo error del gobierno que le quitó todo su capital político. La represión no destruyó las fuerzas del movimiento y para julio se llegó a un clímax de movilización. Brotaron paros y protestas afuera de los cuatro estados broncos. Cuando el fuego alcanzó Monterrey y la Ciudad de México la situación cambió de forma definitiva a favor del magisterio. Ante el peligro de que crecieran las filas de la CNTE, el gobierno cedió en varios aspectos.

El gobierno se enfrentó a un movimiento con características semi-insurreccionales. No hubo sólo paros sino bloqueos carreteros, toma de edificios públicos y de grandes establecimientos comerciales e incluso parálisis de vías ferrocarrileras. En Oaxaca sucedió algo inédito, y es que las autoridades locales de decenas de municipios se sumaron al movimiento y se negaron a permitir la aplicación de la reforma. En la Ciudad de México la sección 9 cerró algunos centenares de escuelas y movilizó a varios miles de personas –aunque es cierto que esto sólo ocurrió durante algunos días, a diferencia de la resistencia del sur. Lo importante es que hace décadas que no se veía esto en la capital. En Zacatecas, Chihuahua y Aguascalientes se tambaleó el control de los charros sobre las secciones locales. En general, pues, la lucha incorporó a comerciantes, padres de familia y trabajadores diversos, como los de la salud en Oaxaca. De este modo, la protesta desbordó las aulas y las calles para lanzarse contra los intereses del gran capital. El gobierno estaba contra las cuerdas.

2. El movimiento obtuvo cuatro avances:

Primero, el gobierno federal se vio obligado a negociar con la CNTE. Hasta entonces la SEP había insistido en una línea ultra de puerta cerrada: bajo el pretexto de “preservar el estado de derecho”, insistía en que “la ley no se negocia.” Este enfoque –que pretendía dar una cara heroica que cautivara al Consejo Coordinador Empresarial– fue reventado por la CNTE, la cual fue recibida de nuevo en la mesa de negociación. Fue clara la humillación para un gobierno que dijo que sólo recibiría a los maestros si se rendían.

Segundo, en un sexenio marcado por múltiples derrotas a los movimientos –p. ej. autodefensas, policías comunitarias– la CNTE no sólo no sale derrotada sino que además emerge intacta de la pasada jornada. La principal columna organizada de trabajadores disidentes del país está “vivita y coleando” –sin presos, sin la soga al cuello, sin dejar de recibir su sueldo… Lo cual no es poca cosa si uno recuerda el triste final del Sindicato Mexicano de Electricistas, exterminado en pocas semanas en el sexenio anterior. El estado y la burguesía desearían que la CNTE corriera la misma suerte que el SME, pero están lejos de lograrlo y la Coordinadora podría fortalecerse aún más

Tercero, en la práctica el gobierno ha revisado la ley, dándole una interpretación más laxa. Si hasta antes del 15 de mayo la línea de la SEP era obligar a los maestros a que presentaran la evaluación –hoy ya reconocida por todos como “punitiva”– en fechas arbitrarias y bajo una modalidad semi-militarizada, hoy el Instituto Nacional de Evaluación ha optado por un enfoque abierto. Ahora los maestros decidirán cuándo presentarán su examen dentro de los próximos cuatro años, pero si no lo hacen no habrá mayores consecuencias. Más aún, Nuño ha afirmado que su Modelo Educativo entrará en vigor en 2018, después de la actual “consulta.” De este modo, el problema de las evaluaciones y el “modelo” han sido expulsados de las coordenadas del actual sexenio, y han sido pateados para que otro presidente lidie con ellos. Nosotros creemos que ni este gobierno ni otro va a poder regresar al esquema original. El gobierno se ha dado cuenta de que insistir en las evaluaciones implica otro round de meses de lucha, paros y bloqueos. Es una batalla que no pueden ganar. (Pero, ojo, la ley no ha sido modificada todavía.)

Cuarto, el magisterio disidente no sólo sale intacto sino fortalecido. Si en el pasado persistía un divorcio político entre los maestros y los padres de familia, en esta jornada la inclusión de las familias en la lucha fue amplia y decisiva. Sin este factor, habría sido imposible instalar los bloqueos carreteros que paralizaron las economías de Michoacán, Guerrero, Oaxaca y Chiapas. Han sido abundantes los testimonios de pueblos donde eran las familias las que empujaron a los maestros a la lucha.

3. ¿Ahora para dónde?

Todo el cuadro anterior no sólo deja mejor parada a la CNTE, también deja debilitado al gobierno, el cual va de crisis en crisis y tiene posiblemente el nivel más bajo de credibilidad en décadas. Dicho lo anterior, el movimiento magisterial está muy lejos de haber escapado por completo del peligro. La “autonomía de gestión” de las escuelas –un concepto de tintes privatizadores– sigue vigente e intacto en la ley, lo cual lo convierte en un Caballo de Troya que amenaza con atacar la gratuidad de la educación. El dedo debe seguir firmemente colocado en este renglón. El magisterio, sin embargo, ha sido insensible a este tema, justo lo que causó la incorporación de los padres de familia y de algunas comunidades a la lucha. Miembros de la CNTE cobran cuotas en sus escuelas, con el pretexto de que la SEP no paga todas las cuentas. En la mesa de negociación, la cuestión de la gratuidad tuvo un carácter claramente secundario frente a las demandas gremiales de la Coordinadora. Este egoísmo es un error. La CNTE debe desarrollar una estrategia para mantener a los padres de su lado y poder hacerlos partícipes de las decisiones del movimiento.

Otro pendiente es el problema de los “regularizados” (maestros sin plaza que suman más de seis mil en Oaxaca), quienes se fueron con las manos vacías. Igualmente ambigua es la posición de los normalistas, quienes en gran medida lograron sus demandas en Michoacán y Chiapas, no así en Oaxaca y Guerrero.

Tanto “regularizados” como normalistas deberían tener un lugar en las mesas de negociación. Lo mismo debe suceder, como dijimos arriba, con los padres de familia. Los cuatro avances mencionados pueden perderse si los maestros no analizan con humildad sus omisiones y pierden de vista que la lucha no ha terminado. Pero si el movimiento extiende su democracia a todos los actores que son parte de la lucha y traza una ruta para reagruparse y seguir abollando la maltrecha reforma educativa, la siguiente cosecha será mejor. Hoy por hoy, nada está escrito.

4. ¿Por qué no se consiguió derogar la reforma?

La CNTE fue incapaz de actuar como una coordinadora, y la culpa la tienen direcciones débiles y oportunistas. Las dos principales razones para responder a la pregunta de este subtítulo se encuentran en esta oración.

El movimiento magisterial nunca tuvo un ritmo y una dirección nacional (ni siquiera en los cuatro estados dominados por los maestros democráticos). A mediados de mayo Chiapas y Oaxaca tuvieron reuniones para coordinar la lucha en un nivel regional, pero después de la detención de varios dirigentes de la 22 esta experiencia no se repitió. Lo que es más preocupante, no se extendió al resto de los estados.

Toda la lucha de la CNTE estuvo marcada por un claro localismo, una falta de coordinación entre las secciones, una falta de visión nacional de la lucha. Cuando Oaxaca y Chiapas se alzaron, Guerrero y Michoacán apenas se movieron; cuando la 22 se fue a la vergonzosa cargada electoral con Morena, Chiapas sostuvo la lucha; cuando Michoacán cerró la red ferroviaria, Oaxaca y Chiapas estaban en reflujo. En la vuelta a clases, la CNTE a nivel nacional votó por continuar el paro, pero ni Guerrero ni Michoacán acataron la línea. Ahora que el paro se volvió imposible de sostener, Chiapas lo mantiene, aislado.

Esta falta de dirección política nacional sólo debilita a la CNTE. Es imprescindible que se haga un Congreso de la Coordinadora, con la idea, entre otras cosas, de crear organismos que puedan unir las luchas magisteriales que estallan aisladamente y que se ven casi siempre dejadas a sus propias fuerzas al nivel estatal.

Pero hay algo más preocupante que la simple falta de coordinación entre las secciones del magisterio, y es el oportunismo de corrientes importantes al interior. Esas corrientes se han hecho del poder de toda la sección 18 de Michoacán, que negoció por su lado con el gobierno del estado y que en general le ha apostado una y otra vez a la solución parlamentaria y al apoyo de los legisladores perredistas. Las movilizaciones en ese estado fueron en gran medida producto de la presión de la base y de la radicalidad de los normalistas; la dirección rara vez dio pautas claras y sensatas de acción para derrotar la reforma.
Crédito de foto: C. Libre vía Flickr, tomada en Oslo, Noruega.


El POS es una organización comunista fundada en México en 1980.

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