Entre huesos y flores, desde La Calavera Garbancera hasta La Catrina

 Ciudad de México .- Cada 1 y 2 de noviembre México se viste de colores, flores de cempasúchil, calaveritas de azúcar y papel picado en las calles, escuelas y edificios. Es en esos días, es cuando el pan de muerto inunda con su olor las panaderías, grandes y pequeñas, y cuando las veladoras se encienden en la celebración de los muertos. Pero hay una imagen, única y universal, conocida por todo mexicano que disfrutó de los primeros días de noviembre, y que tiene una historia detrás muchas veces desconocida.

La Catrina es más que los huesos de una fémina con sombrero de flores y plumas, porque no sólo representa a todo el país por convertirse en el símbolo más famoso de la celebración del Día de Muertos, sino que asombra durante su contemplación la carga histórica y social por la que fue creada con las manos del grabador y caricaturista, José Guadalupe Posada, en los tiempos revolucionarios de principios del siglo XIX.

Posada, quien retrataba los conflictos políticos y sociales con trazos de burla hacia las clases altas y bajas del México de su época, se caracterizó por la creación de grabados y dibujos cuyos personajes principales únicamente eran calaveras, adornadas con las ropas de acuerdo a su contexto y condición social.

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Es de esta forma que nace La Calavera Garbancera, dada a conocer en 1913 a través de un grabado en metal para hacer una crítica a los “garbanceros”, indígenas o campesinos que negaban sus raíces y cultura y se autodenominaban europeos. Originalmente, La Calavera Garbancera sólo portaba su sombrero como distinción, decorado con flores y dos grandes plumas al centro, además de una carismática e icónica sonrisa.

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Fue sólo hasta 1947, con Diego Rivera, que la creación de Posada tomaría la forma con la que se conoce hoy a tan emblemática figura. En su mural “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central”, Rivera pinta a La Calavera con las ropas más elegantes y rodeada con una serpiente emplumada como adorno, pero conservando la sonrisa y el sombrero para representar a la que denominaría La Catrina, en alusión a la elegancia de los hombres llamados catrines, y la acompañó en la pintura con la imagen del mismo José Guadalupe Posada.

La Catrina, como la conocemos hoy, es el reflejo de una sociedad divida en clases y del pensamiento de algunos de sus contemporáneos, y sin embargo, su belleza e historia la llevó a convertirse en, por ejemplo, el disfraz más famoso en el país durante las fechas para celebrar a los muertos. Pero además, La Catrina se transformó en un estandarte para algunos movimientos sociales, que utilizan su imagen para exigir justicia, alto a la violencia y atención a las demandas, por ejemplo, de las mujeres en el país.

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