Murió Fidel

Por Alicia Couselo

Con él mueren los sueños de justicia de toda una generación latinoamericana. Con la revolución cubana pensamos que se podía acabar con el capitalismo… del patriarcado todavía no teníamos idea.

Pensamos que el capitalismo se podía acabar con uno, dos, tres Vietnam. Se podía hacer leyendo a los clásicos marxistas y armando una teoría, otra más, que si la poníamos en práctica nos iba a llevar hasta la victoria.

¿Hasta cuándo tendrán la desvergüenza y el cinismo de hablar de democracia?  ¿Hasta cuándo estarán usando, hasta desgastar, esa pobrecita palabra, infeliz palabra de “democracia representativa”?  Representativa sólo de la voluntad del imperialismo, representativa solo de la explotación, representativa sólo de la traición; democracia que es la democracia de la ausencia del pueblo.”

“…la patria no trabaja para hoy, la patria trabaja para mañana.  Y ese mañana lleno de promesas no podrá nadie arrebatárnoslo, no podrá nadie impedírnoslo, porque con la entereza de nuestro pueblo lo vamos a conquistar, con el valor y el heroísmo de nuestro pueblo lo vamos a conquistar.”

Los pueblos piensan que lo único incompatible con el destino de América Latina es la miseria, la explotación feudal, el analfabetismo, los salarios de hambre, el desempleo, la política de represión contra las masas obreras, campesinas y estudiantiles, la discriminación de la mujer, del negro, del indio, del mestizo, la opresión de las oligarquías, el saqueo de sus riquezas por los monopolios yankis, la asfixia moral de sus intelectuales y artistas, la ruina de sus pequeños productores por la competencia extranjera, el subdesarrollo económico, los pueblos sin caminos, sin hospitales, sin viviendas, sin escuelas, sin industrias, el sometimiento al imperialismo, la renuncia a la soberanía nacional y la traición a la patria.”

Porque esta gran humanidad ha dicho “¡Basta!” y ha echado a andar.  Y su marcha de gigantes ya no se detendrá hasta conquistar la verdadera independencia, por la que ya han muerto más de una vez inútilmente.  ¡Ahora, en todo caso, los que mueran, morirán como los de Cuba, los de Playa Girón, morirán por su única, verdadera, irrenunciable independencia! 

Ese mañana ya llegó, al menos para esa generación de jóvenes que creímos que era posible “abolir” el capitalismo por decreto, tirando tiros y tomando el poder. Hoy sabemos que el sistema no se puede abolir con voluntarismo y que la toma del poder solamente es la toma del gobierno de algún país, porque el poder patriarcal capitalista lleva demasiados siglos consolidándose, porque el pueblo trabajador tiene urgencias que atender hoy mismo y no quiere dejarlas para un futuro que no se sabe cómo va a ser.

El discurso de Fidel del 4 de febrero de 1962, la conocida Segunda Declaración de la Habana, podría repetirse hoy mismo en cualquier lugar del mundo. El siglo XX ha sido testigo de cientos de intentos revolucionarios en todo el planeta. España, Rusia, China, Vietnam, Argelia, El Salvador, Nicaragua… En todos lados se intentó tomar el poder con las armas para finalmente reconocer que se podía lo que se podía. Tal vez mucho para alguna gente que pudo acceder por primera vez a la sanidad y la educación universal y a un plato de comida, pero demasiado poco para las siguientes generaciones que quieren avanzar y tener vivienda, electricidad y calefacción, agua potable, vacaciones pagadas, jornadas laborales decentes, comida y ropa variada. Todo eso no lo puede tener el 99%, solamente el 1%.

Por eso se marcharon de Cuba 3 millones de personas en los años 60. No estaban por la labor de pasar penurias en nombre de un futuro incierto. Los que se quedaron la siguieron peleando, algunos por convicción, otros no tanto.

Hoy, 70 años después todos lloraremos a Fidel. Muchos seguiremos trabajando por un mundo mejor aquí, allá. Porque hoy como antes lo que hay no nos gusta y no lo queremos ni para nosotros ni para nuestros hijos. Estamos huérfanos y sabemos que no hay recetas.

 

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