Economía: que no te engañen

Por Iñaki Urdanibia

El estudio de la economía no tiene por objeto la adquisición de un conjunto de recetas preparadas para los problemas económicos, sino aprender a no dejarse engañar por los economistas »
( Joan Robinson )

Si aplicáramos, ajustándola al caso, la paradoja de Epiménides, conocida como paradoja del mentiroso, y partiendo de la tesis de que todos los economistas mienten, podríamos dudar de Juan Torres López, catedrático de Economía aplicada en la universidad de Sevilla y autor de unos cuantos temas, ya que podríamos pensar que como economista ( = mentiroso) cuando dice verdad miente, y cuando miente dice verdad, mas no es el caso, ya que además de que generalizar es mentir, hay economistas y economistas, igual que hay cretenses y cretenses, en el siglo VI antes de nuestra era, y en la actualidad. Pues bien, el profesor Torres López en su « Economía para no dejarse engañar por los economistas. 50 preguntas y sus respuestas sobre los problemas económicos actuales » ( Deusto, 2016) de muestra que aun cuando cantidad de economistas no hacen otra cosa que defender las reglas que rigen hoy en el mundo, marcadas por los poderes mercantiles y financieros, hay algunos que se dedican, o tratan de, desvelar los mecanismos que guían la administración de los bienes de la sociedad.
La legión de quienes defienden que la economía es una ciencia, como otra cualquiera, exageran acerca de las leyes económicas al considerarlas del mismo modo, o casi, que a las leyes naturales; no hace falta forzar mucho las meninges para ver que así como las leyes de la naturaleza no responden a la decisión de los humanos ( unos a favor del sí y otros del no) sino que están en la práctica por encima de ellos ; no es preciso agarrase a aquella canción de Fermín en la que decía que la asamblea de majaras había decidido mañana sol y buen tiempo, para ver cómo no es posible que asamblea alguna-aunque esté compuesta de doctísimos doctores- decida que desde mañana deje de funcionar la caída de los cuerpos…Sí sería posible, sin embargo, que las leyes de mercado, de producción y distribución, pudieran variar por decisión de los humanos que detentan la propiedad . Siguiendo con estas aseveraciones, que a primera vista al menos parecen perogrulladas de alto calibre, se puede observar como hay economistas que defienden unas posturas u otras dependiendo de su ideología, de sus tendencias e intereses políticos…a pesar de ello algunos, muchos de entre los que se mueven en medio del cotarro establecido, mantienen que las cosas funcionan como funcionan ya que no pueden hacerlo de otro modo, y que negarlo es simplificar las cosas y pedir imposibles que van en contra de las leyes, sacrosantas, del funcionamiento económico. En todo este asunto la pregunta que subyace, o debe subyacer, es a quien benefician y a quien perjudican las medidas que se toman.
En este orden de cosas hace no mucho leí a algún listillo-no recuerdo si era economista, pero si economizaba en lo que hace a una mínima profundización en las cosas- que venía a afirmar con absoluto desparpajo dogmático que el populismo ( salió la maldita palabra que se usa tanto para un cosido como para un zurcido…siempre que este sea descalificador) suponía dar respuestas sencillas a problemas complejos; sin rizar rizo alguno podrían enfocarse las cosas de manera diferente: del mismo modo que hace años ( algunos quizá continúen haciéndolo) los curas realizaban sus liturgias y rituales en latín con el fin de que el personal no entendiera, y ante el misterio de la incomprensión aumentase el aura de lo mágico, algunos economistas-podría hablarse de otros especialistas- recurren a la utilización de conceptos y terminologías opacas que hacen que parece que están tratando de asuntos que únicamente ellos pueden acceder con su amplia sabiduría, y su comprensión está vedada al común de los mortales, a la totalidad de los componentes de la plebe. El dispositivo consiste en ocultar las cosas con palabras, en vez de lo contrario , que es lo que hace Juan Torres López, haciendo que lo complejo se torne sencillo y cualquiera pueda comprender los mecanismos que se le explican, de modo y manera que somos plantados ante un lúcido libro que aclara todo lo que queríamos saber y nadie, o casi, nos daba una respuesta-por decirlo en cartesiano- clara y distinta. La muestra de lo que digo es que el libro resulta accesible hasta para gente que no sabe sumar ni con los dedos…y me estoy mirando las manos en el espejo.
Paro, deuda, inflación, recesión, pensiones, primas de riesgo o siglas como PIB, IPC o FMI se han instalado en el lenguaje de todos los días y se utilizan , en un hueco flatus vocis, como mantras consoladores o explicativos. Pues bien, en las respuestas a las cincuenta preguntas planteadas se nos abren amén de claras explicaciones, alternativas diferentes a las que habitualmente se propalan por los medios de (in)comunicación , por los expertos gubernamentales y por los servicios políticos que no se atreven a morder la mano del poderoso. El funcionamiento del mercado, lo inevitable de las crisis, las desigualdades, la globalización, la flexibilización del mercado laboral, la moneda y su valoración por medio de los tejemanejes bancarios, la intervención estatal, las inversiones públicas, las pensiones, los impuestos, el proteccionismo, los paraísos fiscales, …a todas las cuestiones que todos esto asuntos plantean se va dando mascada respuesta , desvelando las falacias habituales de echar la culpa a la población que ha gastado en demasía, o las supuestas soluciones de la aplicación de recortes de salarios, y otros, como única salida al desbarajuste creado por los mismos que lo han provocado, en una aplicación oximorónica de llamar a Alí Babá y a sus fieles epígonos para dar clases de moral cívica y de honradez económica.
Si el otro decía que había que colocar la política en el puesto de mando, sí que es cierto que la insostenibilidad económica del sistema requiere una solución que repose en una « decisión exclusivamente política»

 

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