¿Cuándo no es antisemitismo el antisemitismo?

Por Gideon Levy
La derecha israelí ha inventado un nuevo ingenio híbrido: el antisemita proisraelí. Lo principal es ser “amigo de Israel”, que significa aceptar la ocupación de Palestina

Al parecer, el único mensaje de felicitación del extranjero que ha recibido Steve Bannon desde que le nombraron asesor estratégico de Donald Trump para la Casa Blanca, es el que le llegó con membrete oficial del gobierno israelí y lo firmaba el ministro de Agricultura israelí, Uri Ariel.

La Liga Anti-Difamación [Anti-Defamation League], durante tanto tiempo sobresaliente entre las organizaciones judías norteamericanas que combaten el antisemitismo, hizo público un anuncio secamente redactado firmado por su presidente, Jonathan Greenblatt, que instaba a anular el nombramiento de Bannon; el Centro de Acción Religiosa del Movimiento de Reforma [Reform Movement’s Religious Action Center] y otros mencionaron que la “promoción del antisemitismo, la misoginia, el racismo y la islamofobia” de Bannon le descalifican para cualquier puesto en la Casa Blanca; y los Consejos Judíos de Relaciones Comunitarias [Jewish Community Relations Councils] locales (de New Haven o San Francisco, por ejemplo) se apresuraron a publicar comunicados parecidos, aun cuando la dirección del AIPAC [American Israel Public Affairs Committee, la mayor organización de presión proisraelí en los EEUU] se mostró ambigua.

Entretanto, Ariel se apresura a enviarle a Bannon sus bendiciones desde Israel. A Ariel, que pertenece al partido Hogar Judío, el partido del movimiento de los colonos y el grupo más de extrema derecha de la Knesset y socio mayor en la coalición gubernamental de Netanyahu, le complació el nombramiento de un hombre cuya ex mujer le acusó de antisemitismo. “No hay palabras para describir esta vergüenza”, echaba chispas en Facebook Stav Shaffir, diputada en la Knesset por el Partido Laborista israelí en Facebook..

Shaffir colgó una respuesta feroz al respaldo a Bannon por parte de Ariel en su página en hebreo de Facebook: “Rabinos de todos los EEUU han hecho pública su denuncia (…) [y] decenas de organizaciones judías están haciendo campaña contra el nombramiento; el resto del mundo – a izquierda y derecha por igual- están avisando del peligro de nombrar a un racista arrogante para un puesto tan sensible en el gobierno norteamericano … mientras que, junto al ministro Ariel de Israel, entre los que felicitan a Bannon se cuenta la dirección del Ku Klux Klan, algunos destacados antisemitas norteamericanos y el Partido Nazi norteamericano”.

Si se apoya a Israel, todo es perdonable

La derecha israelí ha inventado un nuevo ingenio híbrido: el antisemita proisraelí. Resulta que es posible tal cosa. Se puede ser antisemita y seguir, con todo, estando bien considerado en ciertos círculos de Israel. Lo principal es ser “amigo de Israel”, lo que hoy significa estar encantado con la ocupación israelí.

A cambio del apoyo a la ocupación israelí por tiempo indefinido, de alentar el empeño de los colonos, la derecha israelí está dispuesta a perdonar cualquier cosa. Todo en absoluto. A perdonar el pasado, cerrar los ojos al presente, hipotecar el futuro, y renunciar a todo vestigio de moralidad. No tenéis más que dejarnos seguir construyendo en los Territorios, es todo lo que nos preocupa. Para perpetuar la ocupación, la derecho israelí sacrificará incluso el destino de los judíos norteamericanos, empeñará su conexión con ellos, hará caso omiso de sus inquietudes y desestimará sus preocupaciones.

El ex-primer ministro Yitzhak Shamir, otra figura de extrema derecha, dijo en cierta ocasión: “Por el bien de Israel está permitido mentir”. Los límites de tan dudosa afirmación los han ensanchado desafortunadamente los colonos derechistas de Israel. Para Israel resulta permisible incluso apoyar el antisemitismo, el nacionalismo extremo, el chovinismo y el racismo de toda laya. Esa laxitud empezó con el apoyo sobradamente amplio al candidato Donald Trump, acaso el más amplio de cualquier electorado fuera de los EEUU hasta llegar a la carta ministerial felicitando al recién nombrado Bannon.

A Israel le encanta a Trump

A diferencia de muchos otros países, sobre todo en Europa Occidental, ninguna figura oficial de Israel ha expresado reservas acerca del triunfo electoral de Trump. Este giro de los acontecimientos no es atribuible solamente a cualquier amenaza contra Israel. Lo impulsaba un apoyo auténtico a este problemático presidente electo. Evidentemente, la derecha israelí, con su nacionalismo y su racismo, encuentra un lenguaje común con la derecha norteamericana, parecidamente nacionalista y racista.

Lo que es todavía peor, la batalla global contra el antisemitismo, una tribuna en la que los derechistas vociferan más alto, comienza a revelarse como una estratagema manipuladora y cínica (y actualmente menos útil). De repente, ser antisemita ya no es ahora tan terrible. De pronto, es perdonable, sobre todo si odias a musulmanes y árabes. Mientras seas “pro-israelí”.

La derecha judía e israelí ha dejado caer un manto de perdón a los antisemitas proisraelíes que dirigirán el próximo gobierno norteamericano. Igual que la pornografía, el antisemitismo se convierte ahora en asunto de geografía, interés personal y coste-rendimiento. A los antisemitas de la derecha norteamericana ya no se les considera antisemitas mientras apoyen la ocupación. La derecha israelí sólo encuentra antisemitas en la izquierda. Roger Waters [músico británico de Pink Floyd, partidario del boicot a Israel], hombre de conciencia honorable, es antisemita; Steve Bannon, abiertamente racista y secretamente antisemita, es amigo de Israel. Los activistas judíos e israelíes que no dejaron piedra por remover buscando señales de antisemitismo, que han considerado cualquier multa de aparcamiento impuesta a un judío norteamericano como un crimen de odio, que daban alaridos cuando se robaba a algún judío o se profanaba una lápida judía, ahora declaran aceptable la plaga. De repente, ya no están seguros de que lo que tengamos aquí sea ese viejo mal del antisemitismo.

Cuando el antisemitismo no es antisemitismo

El jurista Alan Dershowitz, cruzado proisraelí y propagandista extraordinario, ya ha salido en defensa de Bannon. En su artículo de opinion en ‘Haaretz’ del 27 de noviembre, Dershowitz estimaba que el hombre cuya mujer testificó que no quería enviar a sus hijos al colegio con judíos no es antiesemita. “La afirmación la hizo simplemente su ex-mujer en una vista judicial, lo que no le otorga ningún peso especial”, comentó Dershowitz con aplomo pseudo-talmudista. A Dershowitz le contó un judío ortodoxo que trabajó con Bannon en el pasado que nunca había dado muestras de antisemitismo. De golpe, a Dershowitz le basta con eso. De repente, está perfectamente bien distinguir entre antisemitismo y racismo.

A estos racistas les encanta Israel porque Israel hace realidad sus propias fantasias: sojuzgar a los árabes, maltratar a los musulmanes, expulsarlos y matarlos, detenerlos, interrogarlos y torturarlos, arrasar sus casas, arruinar su dignidad.

Naturalmente, al embajador de Israel en los EEUU, Ron Dermer, le ha faltado tiempo para sumarse al coro, declarando que “está deseando trabajar con Bannon.” Y cómo. Son tal para cual en todo: los palestinos no existen, no hay ocupación, los asentamientos ilegales son para siempre, los izquierdistas y progresistas son unos traidores.

Para Dermer, amigo del Tea Party, boicoteador de J Street [asociación judía progresista norteamericana], que en circunstancias diplomáticas normales ya hace mucho tiempo que habría sido declarado persona non grata en los EEUU y habría sido sacado de las orejas, los resultados electorales y los nuevos nombramientos son como el amanecer de un nuevo día. Dermer se sentirá como en casa con ese teórico de la conspiración, Frank Gaffney, del Center for Security Policy, otro islamófobo preseleccionado para un nombramiento relevante. Dermer estará encantado de trabajar con Bannon, y Mike Huckabee [posible embajador del régimen de EEUU en Israel, pastor evangélico, contrario al aborto, al embarazo de solteras, a la enseñanza de la teoría de la evolución, a la retirada de la religión de las escuelas y a la salud gratuita, entre otras perlas] es justamente plato de su gusto. Dermer, recuérdese, recibió el premio Freedom Flame de 2016 de la CSP, una organización que hace bandera de la islamofobia y para la que Dermer es un héroe.

Racistas unidos

Estos racistas y otros que piensan como ellos son los mejores amigos de Israel en los EEUU. Y hacen causa común en Europa con los racistas derechistas. Cuando apoyar la ocupación es lo que da la medida de la amistad, Israel no tiene otros amigos que no sean los racistas y nacionalistas extremistas. Esto debería haber causado una inmensa vergüenza en Israel: dinos quiénes son tus amigos y te diremos quién eres. Con amigos como estos, ¿quién necesita enemigos? La desgracia de su amistad ya es suficiente. Pero aparentemente Israel se enorgullece de sus amigos.

Hay racistas a los que les encanta Israel porque Israel realiza sus fantasías: sojuzgar a los árabes, maltratar a los musulmanes, expulsarlos y matarlos, detenerlos, interrogarlos y torturarlos, arrasar sus hogares y destruir su dignidad. Cómo le encantaría a este montón de escoria pasearse por allí. Hasta hoy, esto ha sido posible sólo en Israel, luz entre las naciones en este contexto. Lejos quedan los días en los que un puñado de judíos sudafricanos iba a la cárcel junto con Nelson Mandela [al mismo tiempo que el régimen israelí era durante años uno de los mejores socios internacionales del sudafricano]. Hoy los judíos bien relacionados de Norteamérica apoyan a los nuevos gobernantes del país: racistas y antisemitas. “Los palestinos llaman antisemita al nacionalista blanco Bannon, y el AIPAC y Dershowitz creen que no es tan mal tipo”, comentó la escritora palestino-norteamericana Susan Abulhawa en su página de Facebook. Abulhawa fue expulsada por Israel en el Puente Allenby el año pasado. Los EE.UU e Israel comparten en estos tiempos los mismos valores.

 

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