Sahara Occidental. Mi nombre es Galia, refugiada saharaui

Por Francisco Javier Burón, TeldeActualidad

 

Tal y como reza el título de mi artículo, su contenido es un pequeño ‘esbozo’ de la historia de una mujer, Galia, que nos cuenta cómo se vive en los Campamentos de ‘refugiados saharauis’ (en Tinduf) y que, realmente, te ‘transporta’, con una sencillez inaudita, con una delicadeza, que te ‘conmueve’ a ese lugar llamado ‘desierto del Sahara’ en el que viven o ‘perviven’ miles de personas, de saharauis, que llevan sufriendo ese ‘destierro’ más de 40 años.

Mi nombre es Galia

“Mi nombre es Galia. Desde que nací vivo en los campamentos de refugiados saharauis. Aquí pasé mi infancia, junto a mis hermanas, mis padres y mi abuela… Aquí crecí, me casé y tuve dos preciosos soles; una niña y un niño, porque aunque digan que en el desierto no nacen las flores, nacen personas maravillosas, que con sólo una sonrisa, dan más luz que éste sol bajo el que vivimos. Ese sol que a veces nos hace la vida difícil, aún más… ¡Cómo si no tuviésemos bastante con vivir exiliados en ese pedazo de tierra prestada llamado el desierto de los desiertos! Ese sol que nos persigue en los días más calurosos y que apenas nos da tregua, en esos días que hasta las sombras se esconden.

Tuve la suerte de viajar a España durante algunos veranos, y así poder conocer otro mundo más allá del adobe, las dunas y la lona de las jaimas. Como yo, otros muchos niños, esperaban cada verano para volver a ese “mundo mejor”… y nada ha cambiado, excepto las dunas. Nada ha pasado, excepto el paso del tiempo.

Hoy, veo a mis hijos crecer en el mismo lugar donde yo nací y crecí y es muy amargo. Amargo porque tal vez ellos también tengan que esperar a cumplir una edad y a que llegue el verano para ver ese ‘mundo diferente’, porque ellos, como yo, nacieron siendo refugiados. ¿Por qué ellos no pueden tener una infancia como la de cualquier otro niño? ¿Qué culpa tienen ellos? ¿Por qué tienen que aguantar este calor sobrehumano o la fuerza imperativa del ‘siroco’…?

Mientras tanto, como mujer y madre saharaui que soy, lucho por darle lo mejor, a pesar de la dureza del desierto. Porque podemos tener muchas carencias, pero jamás les faltará lo que a mí nunca me faltó: una familia que los ama y el cariño sin medida. Nunca pierdo la esperanza de verlos crecer en un Sahara ‘libre’… en nuestro Sahara. Nunca pierdo la esperanza de una pronta solución a este conflicto que lleva más de 40 años enquistado

Mi nombre es Galia y, a pesar de todo, nunca pierdo la sonrisa. Me llamo Galia, soy mujer y madre saharaui.”

Después de que Galia haya ‘desgranado’, con una exquisita ‘exposición’ muy simple, la vida en los Campamentos de Tinduf, en los que nació y en los que ha transcurrido gran parte de su vida, no puedo por menos que darle ‘mil gracias’ por su historia personal, ‘sencilla’ y de una ‘dureza’ que solo los saharauis saben bien lo que es vivir bajo ese ‘sol justiciero’ que el que esto firma tuvo la satisfacción de poder vivir en El Aaiún, en otro ambiente, claro está, aunque los primeros años fueron de escasez de muchas cosas, y a medida que fueron pasando los años, El Aaiún se convirtió en una gran ciudad donde muchos peninsulares comenzaron a solicitar ‘plaza’ para trabajar en FosBucráa, empresa dedicada a la extracción de los ‘fosfatos’ (una vez que se corrió la voz), cuya riqueza era el motivo de que tantas personas quisieran trabajar en su producción.

Pero todo eso cambió cuando Marruecos hizo acto de presencia e ‘invadió’ el Sahara Occidental y ‘ocupó descaradamente El Aaiún (1975). A partir de entonces, Galia (que todavía no había nacido o estaba a punto de hacerlo) y todos los demás saharauis que estaban considerados ‘colonia española’ (la provincia 53 española) tuvieron que ‘emigrar’ y los Campamentos de Tinduf, entre otros lugares, acogieron a tantos saharauis que habían conocido el modo de vivir ‘a la europea’ y pasaron de nuevo a sus viejas costumbres: la jaima, el té, los pinchitos, el ‘nomadeo’ y volver a construir una especie de ciudad con casas de barro (los techos con planchas de uralita) y con botellas rellenas de arena para que aguantaran las ‘lluvias’…

A tenor de lo vivido por mi persona y lo que ha acontecido en estos más de 40 años en los Campamentos, los saharauis están a la espera de que su ‘proceso’ de autodeterminación, pueda llegar a producirse y acabar de una vez por todas con una ‘soberanía’ que es de los saharauis y que Marruecos tan solo ‘pinta la mona’ en un desierto, el del Sahara que como su propia ‘raíz’ indica, es del pueblo saharaui.

Por último reitero mi ‘agradecimiento’ más personal y me he hecho ‘eco’ de una historial ‘real’, contada en primera persona por Galia, su protagonista, que con un lenguaje y una narrativa fuera de lo común en los saharauis: su palabra hecha ‘verso’, nos ha ‘legado’ parte de su vida para que sepamos que hay unos seres humanos en un lugar apartado del mundo, que sufren las inclemencias de una ‘barbarie’ que se produjo hace más de 40 años y que es Marruecos el único ‘autor material’ de unos hechos que ya son historia pero que hasta que no se produzca el ‘desenlace final’, no podrán vivir tranquilos los miles de saharauis abandonados a la mano de Dios y que Galia ha ‘expuesto’ con toda naturalidad y destreza.

Historias como las de Galia, merecen la pena ser leídas y escuchadas por los propios personajes que las interpretan y en este caso creo que merece muy mucho la pena poder leer y ‘releer’, una y cien mil veces los ‘sinsabores’ que el desierto del Sahara produce en todas esas gentes que no tienen ninguna culpa de una época que les ha tocado vivir y en el que ese ‘sol mortificador’ les sume en el más cruel de los ‘infiernos’.

Por todo ello, creo que merece la pena ‘conocer’ la vida de Galia y los ‘tremendos’ avatares que se suceden en el tiempo en el Sahara Occidental. Y, como Galia, hay muchas mujeres saharauis que son las que están sustentando y teniendo la ‘paciencia’ suficiente para conseguir que después de 40 años, los saharauis sigan con el mismo ‘espíritu’ y con la misma ‘esperanza’ desde aquel 1975 en que fueron ‘expulsados’ de sus casas, de sus viviendas, que les fueron ‘robados’ todos sus enseres y tuvieron que emprender una ‘vida nueva’ más allá de la civilización.

Galia, te deseo toda la ‘dicha’ y la ‘felicidad’ que en un lugar como los Campamentos se pueda tener y mi ambición es la del pueblo saharaui: lograr una ‘descolonización’ por parte del gobierno de España, en el que los saharauis ‘recobren’ su honorabilidad y ‘dignidad’ que nunca han perdido pero que tienen que poner fin a un ‘ciclo’ al que Alá debe dar su ‘bendición’…

Francisco Javier Burón Monís es ciudadano de Telde.

Fuente: http://www.teldeactualidad.com/articulo/opinion/2017/02/26/11941.html

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