Odebrecht, detrás de Etileno XXI, la más grande privatización petrolera en México

Por Fabio Barbosa

El escándalo de corrupción Lava Jato alcanza al proyecto Etileno XXI: al frente de éste se encuentran la brasileña Braskem –brazo petroquímico de Odebrecht– y la mexicana Idesa. La sociedad obtuvo un “ventajoso” contrato con Pemex, que obliga a la estatal a venderle el 40 por ciento de su producción de etano, aún cuando para hacerlo tenga que importar el producto
Otro de los pregonados “éxitos” de la reforma energética comienza a presentar problemas. A un año de su arranque, recordemos que por estos días de abril, pero de 2016, se inauguró con gran despliegue publicitario el complejo petroquímico privado llamado Etileno XXI, construido en Nanchital, Veracruz a unos 12 kilómetros del rio Coatzacoalcos. Al arranque de operaciones asistieron personalidades de Brasil –entre ellos el embajador de ese país en México–, así como connotados funcionarios del sector energético; no hace sino 12 meses y ahora no por los escándalos internacionales, no porque algunos de los “socios” que impulsaron esa “privatización corrupta” ahora están encarcelados, sino porque en este momento presenta “problemas para operar”.
Esta nota intenta explicar qué problemas dificultan su continuidad y por qué decimos que fue la más grande de las privatizaciones realizadas, como se recordará fue una negociación que se desarrolló accidentadamente durante 3 sexenios: comenzó con Vicente Fox, se corrigió con Felipe Calderón y, repetimos, arrancó con leve retraso hasta el actual gobierno de Enrique Peña, quien, a sabiendas de las dificultades, aún tuvo la desfachatez de presentarlo como “un éxito de su reforma energética”.
El proyecto se anunció desde 2003 en el gobierno de Vicente Fox, con el nombre de proyecto Fénix. En ese entonces era más amplio: comprendía inversiones y construcciones no sólo de las plantas en Coatzacoalcos, sino también en las de Altamira; pero, sobre todo, el diseño inicial, incluía la participación de Petróleos Mexicanos (Pemex).
Las negociaciones se prolongaron 2 años, pero fracasaron. En 2006, todavía en el gobierno de Vicente Fox, se anunció el abandono del proyecto Fénix y su reemplazo por el de Etileno XXI.
Un examen comparativo de las diferencias entre los dos proyectos nos permitirá conocer la índole de las discrepancias en las negociaciones en esa primera fase. Al respecto, tenemos algunos datos oficiales y, en otros puntos, sólo indicios que permiten adelantar algunas hipótesis.
– Los contratistas pidieron precios preferenciales. Esa información fue revelada por el entonces director de Pemex Gas y Petroquímica Básica, Rafael Beverido, quien explicó que se “abandonaba el Proyecto El Fénix debido a la negativa de otorgar precios preferenciales del etano a los socios del complejo”.
– En Etileno XXI, los precios de compra son secretos. En el nuevo proyecto, los precios de venta que el gobierno mexicano otorgó a los cariocas de Braskem [“brazo petroquímico del Grupo Odebrecht y la mayor productora de resinas termoplásticas de las Américas”, indica la página de Odebrecht, acusada en Estados Unidos por actros de corrupción] y los mexicanos de Idesa son y permanecerán secretos por 20 años.
Repitiendo una hipótesis de la doctora Leticia Armenta Frayre –directora del Centro de Análisis Económico del Tecnológico de Monterrey y mi coautora en un libro, editado por la Universidad Nacional Autónoma de México–, coincido en que “Pemex pudo haber acordado, desde las negociaciones en el sexenio del presidente Calderón, un descuento sobre los precios del etano, imperantes en los mercados internacionales” (véase un amplio reportaje de la revista Forbes https://www.forbes.com.mx/grupo-ide…).
– Recomposición de los socios y expulsión de Pemex. En el nuevo proyecto Etileno XXI se observa una recomposición de los socios privados, del grupo anterior en las negociaciones sólo permaneció Idesa y surgieron en el escenario los brasileños.
Más importante –y esto sólo lo supimos hasta la firma del convenio el 19 de febrero de 2010–: Pemex fue “expulsado” del consorcio; es decir, sus plantas ya no participan en la nueva empresa Etileno XXI. Pemex quedó reducido a simple proveedor de la materia prima en volúmenes muy elevados y, acaso, amarrado al compromiso de sostener ciertos precios castigados, complicando la situación en la nueva etapa de la caída de la producción, que examinaremos más adelante.
Es pertinente agregar unas líneas para precisar que los hidrocarburos que se extraen en nuestros campos petroleros son diversos: el aceite puede ser distinto por su calidad, y los gases también pueden variar. En algunos, sólo se encuentra gas seco, llamado metano; otros resultan más generosos: nos ofrecen gas húmedo; y algunos contienen etano, que es la materia prima de la que se inicia toda la cadena del etileno, de la que, en el proceso de su transformación se obtiene el polietileno y luego una serie que, para abreviar, son los que llamamos coloquialmente artículos de plástico: desde simples bolsas y envases, hasta materiales e insumos para la industria de los zapatos, el vestido, la construcción, la automotriz y miles de productos. Lo importante a destacar es el potencial de crear miles de empleos.
En resumen, cuando el gobierno negoció con las empresas privadas el complejo petroquímico Etileno XXI se estaba negociando uno de los más valiosos componentes en esa mezcla que extraemos del subsuelo, que son los hidrocarburos; una porción minoritaria pero con alto valor si se invierte en plantas para transformarlo.
– Se negoció el 40 por ciento de la producción. Otro problema es que se negoció, como ahora se sabe, el 40 por ciento de la producción mexicana del etano, este componente que sólo es un porcentaje minúsculo en el total de la extracción de gas.
Por eso las negociaciones fueron secretas y lubricadas con sobornos. Fue una privatización corrupta que entregaba la mitad de lo mejor. Desde entonces, las posibilidades de desarrollo petroquímico en México se estaban comprometiendo.
Ya señalé que los socios mayoritarios son los brasileños de Braskem, una pantalla de Odebrecht. Ahora es pertinente examinar los datos de la socia mexicana, Idesa, acrónimo de Industrias Derivadas del Etano, Sociedad Anónima.
Se trata de una empresa cuyos antecedentes se remontan a la década de 1950; su propietario fundador, Pascual Gutiérrez Roldan, fue director de Pemex. Actualmente la dirigen su hijo, Pascual Gutiérrez Saldivar, y su nieto, el joven Patricio Gutiérrez. Idesa tiene el 26 por ciento de las acciones de Etileno XXI.
Como ya se dijo, desde su fundación eran contratistas de Pemex.
Su filial Perforadora Central –compañía que renta plataformas a Pemex– alcanzó notoriedad cuando uno de sus equipos, la perforadora llamada Usumacinta, sufrió uno de los accidentes más serios en la historia del Golfo de México en el que 22 obreros, el doble de las víctimas del Macondo, perdieron la vida frente a las costas de Tabasco. La investigación reveló que los contratistas privados buscaron “ahorros” de costos, por lo que incurrieron en deficiencias en los equipos de salvamento.
El problema del abasto
El contrato comprometió a Pemex a proveer casi la mitad de la producción nacional de etano –el 40 por ciento de la producción mexicana– a un solo consorcio, para ser procesada en un solo complejo, como ya se apuntó. Por lo cual ahora está presentando problemas de inseguridad de abasto.
Hace más de 15 años, al comenzar el sexenio de Fox teníamos un pequeño excedente, que tiene que ser examinado con extremo cuidado porque era resultado de que el gobierno había suspendido las inversiones; las plantas existentes sufrían constantes paros o largos periodos de mantenimiento que interrumpían sus operaciones y especialmente no se construyó ninguna planta nueva.
Así el problema de si la geología de este país –es decir, nuestro potencial en el subsuelo– sería capaz de garantizar el abasto ha sido una pregunta recurrente a lo largo de lo que ya califiqué de accidentado desarrollo de la negociación y luego la construcción del mega proyecto, procesos que requirieron 3 sexenios.
Una señal terrible para la petroquímica mexicana
Ahora el problema ha estallado, hemos repetido que Etileno XXI apenas arrancó operaciones y el propio ingeniero Pascual Gutiérrez Saldívar ha revelado que ya recibió notificaciones de “próximos racionamientos en la entrega del etano”.
En un congreso de industriales, el Grupo Alfa de Monterrey, que estuvo en las negociaciones iniciales en el proyecto Fénix, planteó que “los niveles a los que Pemex está produciendo etano podría dejar a la petrolera sin el insumo suficiente para sus propias plantas a partir de 2018”. Citando proyecciones de Pemex, se advirtió que “la oferta del etano podría llegar, con base en las propias estimaciones de Pemex”, a menos de 80 mil barriles por día para la mitad del siguiente sexenio en 2022.
“Es una señal terrible porque lo que nos están diciendo los números es que no va a haber etano ni para operar las plantas actuales (de Pemex), nada más lo suficiente como para suministrar a la planta de Etileno XXI…
“Implica un reto enorme que puede tener implicaciones muy negativas para el desarrollo de la petroquímica, Pemex lo quiere resolver importando etano.”
Con esa “política” de crear empresas para cada negocio, poco se conoce el hecho de que el Grupo Idesa en asociación con una compañía canadiense, llamada International Frontier Resources, creó Tonalli Energía, actualmente “operadora” del campo Tecolutla en la tercera licitación de la Ronda Uno, efectuada el 15 de diciembre de 2016. Entrecomillamos porque el campo ya lleva más de 1 año licitado y, como tanto hemos repetido, continúa intacto: forma parte de las licitaciones que llamamos “de papel”. Peña entrega los bloques pero quedan “congelados”, impidiendo la búsqueda de formas de su desarrollo y creación de empleo, si transformamos los hidrocarburos en gasolinas o petroquímicos.
Conclusiones
Es necesario reflexionar y discutir las causas de este fracaso. Desde mi punto de vista, obedece a una insuficiencia de los estudios prospectivos: cuesta mucho trabajo aceptar que, en México, ya estamos en la etapa post pico del petróleo.
¿Hay salidas? Una posibilidad sería arrancar operaciones en una serie de campos con pequeñas reservas de gas, frente a la costa de Tabasco. Incluso en el pequeño Amoca-2 que acaban de descubrir los italianos de ENI enfrente del poblado Allende, casi en la margen derecha en desembocadura del río Coatzacoalcos. Las preguntas son: ¿tendrán el etano suficiente para cubrir el compromiso de 66 mil toneladas anuales?, ¿aceptará ENI si su contrato es de licencia, mismo que lo autoriza a llevarse toda la producción, sin atender el mercado mexicano?, ¿continuará la Secretaría de Energía y la Comisión Nacional de Hidrocarburos licitando bloques cuando está claro el daño que causan a la industria y trabajadores mexicanos?
¿Importar etano? Estados Unidos tienen ahora grandes excedentes de gas, pero les interesa vender solo el metano, extrayendo los licuables más valiosos, es dudoso que les interese apoyar a los brasileños, a quienes más bien consideran como la competencia puesto que México es hoy comprador cautivo de los plásticos gringos.
En la nueva situación, la primera medida debe ser abandonar los mega proyectos, ajustarnos a plantas de menor tamaño, adecuándonos a la nueva realidad de nuestro potencial, mantener las plantas de Pemex que aún sobreviven y anular o renegociar el convenio con Etileno XXI, para evitar que Pemex sea lesionado aún más con penalizaciones establecidas en un contrato que carece de validez, porque sus condiciones fueron establecidas gracias a los millonarios sobornos que Odebrecht (empresa detrás de Braskem), entregó a los funcionarios panistas que intervinieron en su firma.

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