Guevarismo del siglo XXI (Segunda y ultima parte)

 

Por Pablo Solana 

El guevarismo y las luchas que se vienen

Nuevas luchas contra la recomposición conservadora ya se están desarrollando en Brasil y en Argentina, que se suman a las resistencias de los últimos años en Chile o Colombia, por mencionar casos de actualidad. Para enfrentar los nuevos desafíos, el paradigma de acumulación de fuerzas que primó en la última década y media, basado en elecciones bajo las reglas de juego de la democracia burguesa representativa y de libertad absoluta del gran capital para confrontar o sabotear la voluntad popular, ya está demostrando quedar corto.

En una declaración conjunta de apoyo a las movilizaciones del 24 de mayo en Brasilia, el Congreso de los Pueblos de Colombia, el Frente Popular Darío Santillán de Argentina, el Movimiento Ukamau de Chile y los Sin Techo de Brasil afirman que “los avances en los gobiernos progresistas de la región fueron insuficientes y no buscaron transformar las estructuras desiguales de nuestras sociedades”; en el mismo documento agregan: “Nuestra resistencia surge del poder insurgente y creativo en los territorios”. Se trata de movimientos populares activos en la defensa de la revolución bolivariana y protagonistas de los escenarios de articulación continental, pero que en sus luchas actuales y su proyección buscan desbordar el paradigma de los gobiernos progresistas que signó el ciclo actual.

Conocemos, por experiencia de las décadas pasadas, que hay una distancia entre las luchas sociales (por más radicales que éstas sean) y las fuerzas políticas que logren expresarlas en opciones de gobierno o de poder. La proyección política de la lucha social es un debate de primer orden para el movimiento popular continental. Un nuevo paradigma deberá acompañar, entonces, al nuevo momento de resistencias. Volver al guevarismo, para recrearlo según las condiciones actuales, resulta una opción. No por nostalgia anacrónica sino para retomar herramientas teóricas, conceptuales y éticas que ayuden a nutrir el reimpulso del movimiento popular.

Intelectuales comprometidos como el mencionado Löwy o Néstor Kohan desarrollaron, en las últimas décadas, una labor multifacética de abordaje y revalorización de la obra del Che. Miguel Mazzeo enumera, en un texto reciente, aspectos que definen un posible “horizonte guevarista” para las luchas que se vienen. En unos y otros textos, y en los debates militantes de aquí y allá, abrevan estos diez puntos que siguen, que se proponen esbozar aspectos del ideario guevarista vigentes y necesarios de ser retomados hoy:

-Hablar de guevarismo implica asumirlo no tanto como ideología definida o identidad cerrada, sino más bien rescatar su carácter articulador de diversas tradiciones revolucionarias y de un conjunto heterogéneo de culturas emancipatorias; el guevarismo siempre se mostró compatible, colaborativo, integrador, de ideas cristianas, tercermundistas o incluso trotskistas. Así, resulta absolutamente legítimo referenciar al sacerdote Camilo Torres (y al camilismo en Colombia), a John Willam Cooke (y al nacionalismo revolucionario de los 60 en Argentina), al Zapatismo del Subcomandante Marcos, a figuras recientes de las luchas continentales (como Darío Santillán) o, incluso, a las expresiones más combativas del movimiento de mujeres en la actualidad, dentro de la identificación genérica que habilita una idea histórica y a la vez actual del guevarismo.

-El humanismo del Che nutrió una concepción de la revolución que debía garantizar, además de mejoras materiales, transformaciones en la subjetividad social que él definió con la idea del “hombre nuevo” (concepto al que hoy cabe hacerle un señalamiento antipatriarcal, aunque la reformulación necesaria no desmejora su sentido ético radical).

-La revolución, las formas organizativas, el análisis de las sociedades, toda la producción teórica y práctica fue para el Che “creación heroica”, como había propuesto Mariátegui. Así, puestos a repensar y recrear el guevarismo por venir, seguramente éste deba verse atravesado por las nuevas realidades de las últimas décadas, como el peso que adquirieron las luchas socioambientales o -en referencia al punto anterior- las transformaciones que las luchas feministas van imponiendo al conjunto de los proyectos populares.

-Retomar al Che requiere evitar la reducción del guevarismo a una forma específica de acción: fue el Guerrillero Heroico, sí, pero fue además un político revolucionario, un teórico antidogmático, un economista heterodoxo, un humanista en su más amplia dimensión.

-La coherencia entre el pensar, el decir y el hacer son la expresión más sencilla y a la vez profunda de la ética guevarista.

-El guevarismo reafirma el socialismo no solo como posibilidad para América Latina, sino como la única opción revolucionaria para lograr una sociedad de justicia e igualdad; propone un socialismo que sea proyecto civilizatorio más que método económico, claramente antagónico a los valores individualistas y de competencia de la sociedad capitalista. (Esa definición, a la que el Che aportó además solidez teórica, recobra una dimensión certera tras un ciclo político de prédica pretendidamente transformadora a la vez que condescendiente con las lógicas del capital).

-El guevarismo evitó el anclaje paralizante en las teorías dogmáticas o abstractas, pero no para caer en un pretendido pragmatismo que crecientemente diluya los principios y los objetivos estratégicos, sino para poner el énfasis en la praxis real de los sectores subalternos y oprimidos como fuente de un proyecto revolucionario de intransigencia de clases.

-El latinoamericanismo, el internacionalismo y el anticolonialismo fueron para el Che compromisos bien concretos que se plasmaron, como todas las demás dimensiones de su lucha, poniendo el cuerpo.

-Ante distintas realidades (en la Revolución Cubana, desde su rol como delegado ante otros países, en África o Bolivia) el Che predicó búsquedas unitarias de acción. La idea de que una revolución no es tarea de una sola organización, y que el divisionismo es un mal a combatir, son legados que deberían estar en primer orden a la hora de los balances del período que nos precede y de definir las tareas para enfrentar lo que se viene.

-Con su acción y sus búsquedas aun después de la Revolución, el Che “descentró” al Estado como objeto único de toda reflexión y de toda lucha. Su decisión de abandonar sus cargos en el Estado Revolucionario para promover nuevas luchas, aun reiniciando casi desde cero allí donde hiciera falta, muestra una disposición política y ética por des-sacralizar instituciones y formalidades.

* * *

Este punteo se presenta apenas como un repaso superficial, que amerita ser profundizado. De todas formas, será la praxis, las luchas concretas de los pueblos y sus aprendizajes, las que demandarán y recrearán sus propios soportes teóricos en los que, es de esperarse, el guevarismo retome su lugar preponderante como parte de un acumulado histórico que no podemos menospreciar. Hace ya un par de décadas, en su rescate del Che ante la ofensiva capitalista mundial, Michel Löwy afirmaba: “En el siglo XXI, cuando ya estarán olvidados los ideólogos neoliberales que hoy ocupan la escena política y cultural, las nuevas generaciones se acordarán del Che, de su combate y de sus ideas”.

El siglo XXI llegó hace rato, las nuevas generaciones ya están gestando nuevos horizontes emancipatorios, y ahí está el legado del Che, más latente que nunca, para ser parte fundamental y esencia del imprescindible reimpulso revolucionario.

Por último, quiero permitirme una digresión referida al momento político actual que vive Colombia. Hay una máxima del Che que aplica bien a los desafíos de la izquierda colombiana hoy, y es esa que dice que “no hay que confiar en el imperialismo ni un tantico así”. Seguro que el Che no se ofendería si agregamos que no hay que confiar ni ese ´tantico´ ni en el imperialismo ni en las oligarquías socias de éste en cada país.

—-

* Ponencia presentada por Pablo Solana, Militante del Frente Popular Darío Santillán Corriente Nacional y miembro del colectivo editor de la Revista Lanzas y Letras, en el Seminario Internacional Centenario de la Revolución de Octubre y 150 años de El Capital, realizado días atrás en la Universidad Pedagógica Nacional de Colombia.

El Furgón

 

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