¿Estamos solos: un mundo, Made in USA, nos vigila? (PRIMERA PARTE)

Para Apiavirtual

Nino Gallegos

 Ciertos periódicos, ciertos periodismos y ciertos periodistas posicionados y posesionados en un protagonismo diario y semanario en sus editoriales, columnas de opinión y artículos de fondo se proyectan, como se quieran o no, desde el cuarto poder cercano al poder político y económico del sistema presidencial mexicano.

De la prensa vendida a la prensa canalla, de que las hay-las hay, en el periodismo mexicano, sea en el impreso, el radiofónico y el digital, las conexiones, las infiltraciones y las filtraciones son el PRI y el PAN  de cada día y con el sudor de sus nalgas y sus frentes como partidarios del sistema de partidos, campañas políticas y procesos electorales.

Las noticias no son más que más malas noticias que buenas noticias del drama, de la tragedia y la desgracia, pudiéndose evitar si no hubiera corrupción en el acto e impunidad en el hecho, acomodándose al hecho noticioso los politólogos/analistas políticos con la tematización y no con el asunto público y el problema social, y que si los analizan críticamente, los sesgan, a conveniencia: la tendencia es el trending topic.

En la situación y en la posición del periodismo mexicano, hay pocos periódicos, periodismos y periodistas que uno respire y transpire la desazón a lo que se está inmerso con los asuntos públicos y los problemas sociales, teniendo a la respiración y a la transpiración como lo que son: una realidad sofocada y atragantada con un aire corrompido y una viento impune que, en el peor de los casos, uno asiente pero no acepta que la vida va nomás porque va pero que la realidad-la social, vital y pulmonar, está más dañada por lo que otros periódicos, periodismos y periodistas nos prescriben  a diario.

Y este tipo de periodismo existe en la prensa escrita, televisiva, radiofónica y digital, a nivel local, estatal, nacional e internacional con la globalización en las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, destacándose y estacándose, en las redes sociales como adición y adicción, mal(in)formaciones y prótesis, para la sordomudez de gente que de repente oye y escucha y mal escribe y hasta prescribe el tratamiento para los cánceres oculares y anales, dependiendo del cristal con que se mire y el dedo proctólogo que se utilice para escarbar en las degustaciones celulares y hormonales, llegando hasta el código de genético periodístico, al cual se le focaliza y se le ve y se le siente de mal en peor.

Con las vanguardias, las retaguardias y las avanzadas del periodismo de donde viene, está y se le da en gana en cumplir y hacer cumplir el código de ética periodístico, a la venta y a la compra de la publipropaganda, la información como infomercialización, la comunicación y la disposición de plataformas digitales de lo que está allí, acá y allá como algo que se parece a nada, a nadie y a alguien representando lo mejor de lo renovado e innovado en el mercado del lector más consumidor que lector ciudadano, atento, exigente y crítico de lo que la misma información y la comunicación lo sustraen o lo abstraen más por medio de los formatos que de los contenidos, o termina absorbido y pasivo o perceptivo y activo ante la velocidad, la concentración y la dispersión de la información, no apreciándose y depreciándose lo que no es el periodismo objetivo con una serie de conflictos de intereses más consumistas que ciudadanos.

El código ético periodístico sirve, en la mayoría de las veces con las exigencias de independencia, credibilidad y libertad en directriz y en meretriz de su propia publipropaganda de empresa periodística basada en la libre empresa con la libertad de presión que de expresión, porque es prensa vendida o prensa canalla con los empresarios y los políticos que emplean a periodistas con un código de ética que se le retroalimenta con el ego, el protagonismo y el cinismo de la peor calaña vendida y canalla, versión: Jorge Castañeda y Héctor Aguilar Camín, Ricardo Alemán y Leo Zuckerman, y los demás congéneres con sus géneros periodísticos en la avanzada del Frente Amplio Opositor.

Los regresos al pasado del periodismo son los regresos al presente de un periodismo vendido y canalla, desde los linotipos a las computadoras en las salas de redacción y las rotativas en la impresión de ejemplares que no han sido del todo y todos ejemplares, si es que todo pasó y a todos les sucedió con el Excélsior de 1976 hasta la revista Proceso y el periódico La Jornada, no con la ejemplaridad, y sí con la integridad cuando la hay ética y periodísticamente, y para no andarse a medias tintas con sus enteras tintas del oficio y la profesión en el periodismo mexicano, tan al nivel del periodismo norteamericano, latinoamericano y europeo.: cuando en un país de sombras espectrales se está nomas con la cinta café en los ojos, las manos y los pies encintados -los muertos, los desaparecidos y los desplazados- se nos han transformado en fantasmática normalización y fácilmente sabemos quiénes mueren mañana, quiénes desaparecen hoy y quiénes se desplazan inmediatamente porque el periodismo urgente y emergente es aventarnos los muertos, los desaparecidos y los desplazados para amontonarlos en la desmemoria del clic digital con la gente chic del consumismo que se vacía con los suplementos y los segmentos de una realidad vigorizada con el poder de la indiferencia y la indolencia, no social, sí virtual.

Cualquier organización política requiere de cualquier relación pública en información y comunicación, emboletinados los empeños y redactados los propósitos y afeitado el código ético de cualquiera y de lo que sea, siendo actualmente requisito un código de ética, desde el esclavo al libre pensador, y el más eficiente y eficaz: el hombre es lobo del hombre contra los lobos solitarios del terrorismo capitalista y fundamentalista: el sicariato económico que, para el caso de todos los casos, la transparencia y la rendición de cuentas son a efecto de ejecución en un sistema nacional de anticorrupción pero de impunidad en muertos, desaparecidos y desplazados por los militares, los narcos y los sicarios, teniendo siempre una buena prensa en cualquier medio, porque el interés debe ser y hacerse nacional.

Cuando los pensamientos, las palabras, los actos y los hechos están predeterminados a ejecutarse fáctica, mediática y virtualmente, lo que se requiere es un código y un contexto humano-social y proyectar e irradiar un mensaje con buenas intenciones  y relaciones públicas para, persuadir y consensuar, en las debilidades y en las fuerzas y obtener la información -mediante la comunicación- que habrá de ser y hacerse necesaria, funcional y conductual para re-comunicarla con la anticipación de la acción y la reacción, no siendo el pueblo y sí la sociedad, la gente, los demás, que han sido captados y cautivados en tres pensamientos, tres palabras, tres actos y tres hechos: dinero, comprar, consumir, cerrándose y abriéndose el negocio político y económico en políticos, empresarios y medios.

Pero no es todo para todos, porque de acuerdo o no con lo del cambio climático, el clímax, en el vórtice y en el ojo de un huracán, está en ese periodismo tan aventurero, venturoso y extremo que a Loretito de Mola, Jr. le da lo mismo Siria que Yucatán, más lampiño que barbado, desaliñado y más fresco que una lechuga en el desierto y en su estado natal para hacer de la información esa comunicación con un código de ética a prueba de balas con semillas de chile habanero, y cuando Peña Nieto nos informaba de un huracán que nos iba a arrasar, rasera y racialmente, de la faz de la tierra, cuando él-solitito, ha jodido y chingado al país (de y en) sombras espectrales, o cuando Osorio Chong pasa de la pacificación de la guerra contra los narcos al sistema de información meteorológico porque el ejército va a entrar salvando y arrasando con la gente donde se le encuentre.

En todo lo anterior, han estado y están ciertos periódicos, periodismos y periodistas: de chile, de manteca, de dulce, y, de mota, en la prensa vendida y en la prensa canalla.

Demasiada mea culpa y deuda con Robert Fisk, uno, después de todo y de todos, no se siente uno tan solo, porque de donde sea y como sea no faltará nada, nadie y alguien que vengan por uno y seamos dos, tres, como los tres mosqueteros, sin espadas, únicamente, con emplumados sombreros, no haciéndole la reverencia con el cortejo a la corte-cortesana y putana, sino sacar a la palestra la pluma para escribir a mano-manuscritamente y los dedos índices para teclear la vieja máquina de escribir Olivetti 45 y el teclado de la computadora, habiendo donde ser uno y hacer del dos.

Porqué esto de ¿Estamos solos: un mundo, Made in USA, nos vigila?, habiendo cualquier otro título para ponerle a diestra y siniestramente lo que del otro lado nos llega, teniendo lo que tenemos acá de este lado con los pensamientos, las palabras, los actos y los hechos que en el uso y en la costumbre es la normalización que nos tiene a tiro y a bocajarro a una distancia donde media-lo fáctico-mediático de lo que informativamente es el diario acontecer con un periodismo a todo modo y enriquecido con la podredumbre en que los márgenes de los ríos y en las marginalidades de las ciudades, los arroyos son las calles con la gente y los demás, peatonando y transportándose en lo que la anticipación a cualquier percance está accionado para reaccionar o suspenderse en el tiempo de un espacio que se va cerrando a cualquier posibilidad de evitarlo: no es el hecho en sí, sea humano o material donde: “Nada más difícil que conciliar la idea de un dios bueno con la del mal en el mundo. En el comienzo, algo ignominioso ha debido pasar y esto ha viciado para siempre la existencia”, no sabe si por culpa de Cioran, o, por nada, por nadie y por alguien que nos vigilan.

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