Fidel Castro y la normalización de las relaciones con EEUU

Por Elier Ramírez Cañedo
Hasta a un furibundo adversario de la Revolución Cubana como Richard Nixon tendió la mano a Fidel de manera confidencial

Uno de los tantos mitos que se han propalado –en especial por los enemigos de la Revolución– en torno a las relaciones conflictuales entre Cuba y EEUU, es el que sostiene que Fidel ha sido el gran obstáculo para la normalización de las relaciones entre ambos países, con lo cual se ubica el inicio del conflicto bilateral al momento en que triunfa la Revolución Cubana en 1959 bajo el liderazgo indiscutible del Comandante en Jefe. Tan desacertado juicio obvia que el conflicto Cuba-EEUU tiene sus orígenes desde el momento en que quedó fijada su esencia fundamental y que no ha sido otra hasta nuestros días, que la de las intenciones de EEUU por dominar a Cuba y la determinación de la Isla por alcanzar y mantener su soberanía. Esta esencia comenzó a configurarse desde finales del siglo XVIII e inicios del XIX. Por otro lado, tal valoración, desconoce que Cuba y EEUU jamás han tenido relaciones normales.

En cuanto al criterio que en acto de injusticia histórica coloca en los hombros de Fidel la responsabilidad del no entendimiento entre ambos países, los hechos y documentos históricos señalan otra realidad. Lo cierto es que si hubo en estos últimos más de 50 años alguien interesado en avanzar hacia un modus vivendi con EEUU, ese fue Fidel Castro.

En abril de 1959 Fidel viaja a EEUU, no para pedir dinero como estaban acostumbrados los presidentes de la república neocolonial burguesa, sino para explicar los rumbos que tomaría la Revolución y tratar de lograr la comprensión del gobierno y pueblo de EEUU sobre el nuevo momento histórico que se vivía en la Mayor de las Antillas.

Todo pudo haber sido menos traumático para las relaciones bilaterales, de haber Washington respondido de manera diferente a la Revolución Cubana. La reacción airada y hostil de la administración norteamericana solo logró incentivar y acelerar la radicalización del proceso revolucionario y el acercamiento a la URSS. Realmente la clase dominante de EEUU estaba incapacitada para entender lo que sucedía en la Isla. Le era imposible pensar que, luego de tantos años de exitoso control del hemisferio occidental, pudiera un país tan cercano apartarse de sus designios e influencias.

Ante la aceptación de Fidel de una invitación de la Sociedad Americana de Editores de Periódicos para visitar Washington y hablar ante su reunión anual en abril, lo primero que hizo Eisenhower en una reunión del Consejo de Seguridad Nacional fue preguntar si no se le podía negar la visa al líder cubano, para luego –ya durante la estancia de Fidel en ese país– evadir la posibilidad de un encuentro. Dejó esta «incómoda» misión en manos del secretario de Estado Cristian Herter y el vicepresidente Richard Nixon.

Este último trató de darle lecciones a Fidel de cómo gobernar y más tarde escribiría en sus memorias que había salido de la reunión con el líder cubano convencido de que había que derrocar al gobierno revolucionario de la Isla de inmediato.

Es decir, solo a tres meses del triunfo revolucionario, cuando aún no se habían establecido los vínculos con los soviéticos, ni firmado la ley de reforma agraria y prácticamente no se había tomado medida alguna que afectara sustancialmente los intereses estadounidenses, la administración Eisenhower se mostraba poco cooperativa y más bien adversa con el nuevo gobierno cubano, especialmente con Fidel Castro. Ello, a pesar de que el líder cubano buscaba la manera de no provocar una ruptura abrupta con Washington, si bien advertía en cada discurso a los vecinos del norte que las cosas iban a ser diferentes, pues en Cuba por primera vez habría independencia y soberanía absoluta. Por lo tanto, no fue Cuba la que empujó la ruptura de las relaciones diplomáticas, que finalmente se produciría en enero de 1961. Sin embargo, Fidel no dejó nunca de explorar la posibilidad de una mejor relación con el vecino del norte.

Cuando se revisa la documentación cubana y estadounidense del periodo, es sorprendente la cantidad de tiempo que el Comandante en Jefe dedicó durante años a recibir y conversar con congresistas y personalidades de la política norteamericana. Si Fidel no hubiera creído que era importante este tipo de encuentros para buscar un mejor entendimiento entre ambos países, no hubiera invertido en ellos ni un minuto de su preciado y limitado tiempo. Lo cierto es que el Comandante en Jefe llegó a convertirse en poco tiempo en el mayor experto cubano sobre los temas relacionados con EEUU, nadie mejor que él llegó a comprender el funcionamiento del sistema político norteamericano, su dinámica interna y política exterior. En ello también está la clave de la sobrevivencia de la Revolución Cubana a todas las variantes de política agresiva diseñadas e implementadas por diez administraciones estadounidenses.

Empleando la diplomacia secreta, Fidel fue el gestor de numerosas iniciativas de acercamiento entre ambos países. A través del abogado James Donovan, quien negoció con Fidel la liberación de los mercenarios presos a raíz de la invasión de 1961; la periodista Lisa Howard y otras vías, el líder de la Revolución hizo llegar al gobierno de Kennedy una y otra vez su disposición de conversar en busca de un entendimiento.

En agosto de 1961 Ernesto Che Guevara trasladó una rama de olivo al gobierno estadounidense en un encuentro que sostuvo en Montevideo con el asesor especial de Kennedy para asuntos latinoamericanos, Richard Goodwin. Es imposible pensar que el Che actuara por su cuenta y no de común acuerdo con el líder cubano. Fidel además envió un mensaje verbal al ya presidente Lyndon Jonhnson a través de la periodista Lisa Howard en 1964, que entre otras cosas decía:

«Dígale al Presidente (y no puedo subrayar esto con demasiada fuerza) que espero seriamente que Cuba y EEUU puedan sentarse en su momento en una atmósfera de buena voluntad y de mutuo respeto a negociar nuestras diferencias.

Creo que no existen áreas polémicas entre nosotros que no puedan discutirse y solucionarse en un ambiente de comprensión mutua. Pero primero, por supuesto, es necesario analizar nuestras diferencias. Ahora, considero que esta hostilidad entre Cuba y los EEUU es tanto innatural como innecesaria y puede ser eliminada.

«Dígale al Presidente que no debe interpretar mi actitud conciliatoria, mi deseo de conversar como una señal de debilidad. Una interpretación así sería un grave error de cálculo. No estamos débiles… la Revolución es fuerte… muy fuerte. Nada, absolutamente nada que los EEUU puedan hacer destruirá a la Revolución.

Sí, somos fuertes. Y es desde esa posición de fuerza que deseamos resolver nuestras diferencias con los EEUU y vivir en paz con todas las naciones del mundo».

Hasta a un furibundo adversario de la Revolución Cubana como Richard Nixon, tendió la mano a Fidel de manera confidencial. Los documentos desclasificados en EEUU muestran que el 11 de marzo de 1969 el embajador suizo en La Habana, Alfred Fischli, luego de haber tenido una entrevista con Fidel, en un encuentro que sostuvo con el secretario de Estado de EEUU, William P. Rogers, trasladó a este un mensaje no escrito del primer ministro cubano en el que expresaba su voluntad negociadora.

Durante la administración Carter fueron muchas las acciones de Fidel que mostraron su disposición de mejorar las relaciones con EEUU, fue en esos años en que se abrieron las secciones de intereses de ambos países en Washington y La Habana y se firmó el acuerdo pesquero y el de límites marítimos. Fue la época en que más conversaciones secretas hubo entre representantes de ambos países, así como numerosos intercambios académicos, deportivos y culturales. En el año 1978, como un gesto unilateral, sin negociarlo con EEUU, Cuba liberó a miles de presos contrarrevolucionarios, lo cual evidenciaba un deseo de la dirección cubana de reanimar el proceso de normalización de las relaciones entre ambos países, congelado a partir de la entrada de tropas cubanas en Etiopía. «En ese momento –recuerda Robert Pastor, asistente para América Latina del Consejo de Seguridad Nacional–, llegué a la conclusión de que Castro vio esta iniciativa como una manera de tratar de poner las discusiones sobre la normalización de nuevo en marcha. No tenía la menor intención de negociar el papel de Cuba en África a cambio de la normalización, pero tal vez pensó que gestos positivos en los derechos humanos, prioridad de Carter, serían suficientes. No lo eran».

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