La indignación o la rabia social (en la mansedumbre de las vacas y en el voluntariado de las masas)

Para Apiavirtual

Nino Gallegos

CONTINUACION…

 

Cuando uno quiere confiar en lo que quiere escuchar, ver y leer a Elena Poniatoswka, Enrique Krauze, Héctor Aguilar Camín, Jorge Castañeda, Paco Ignacio Taibo 11, Javier Sicilia y Juan Villoro, dependiendo e independiendo, de la calidad y la cantidad protagónicas, así como hay cerros de escombros telúricos, humanos, muertos, desaparecidos y desplazados -las dudas son incertidumbres y las escasas certezas son menguadas certidumbres- como que la vida nacional, en ciertos sectores pensantes y en desiertos montones de no pensantes, se entusiasma imaginaria y críticamente sin tener que asirse en la mansedumbre de las vacas y en el voluntariado de las masas, para luego decaer en un socavón de idiotas, estúpidos e imbéciles nomás por ir entretenidos y distraídos con sus teléfonos “inteligentes”, teniendo uno que hacerse a un lado para darles el paso a su caminar peatonal y automovilístico, digital y virtual, la gente y los demás.

Lo cierto de esta incertidumbre personal es que no le tengo confianza a mi propia y personal sombra, teniendo que inducirme y deducirme sin sol ni luna y menos con noches estrelladas, porque, de repente, el cambio climático, las inundaciones, los volcanes, los ríos, los mares, el niño y la niña en Lampedusa y en San Mateo del Mar, agolpársele a uno-el nudo en la garganta nomás de ver, escuchar y leer que un curador de mariposas ha sido asaltado y asesinado por un morral lleno con mariposas levemente heridas y algunas sin alas, no pudiéndolo ver más poniéndole las mariposas en el sombrero de mi abuelo Francisco, allá, en Münsterlingen-Coscomate.

Dicen que la esperanza muere al último, y su muerte hace tiempo que murió, dejándonos, en herencia, la orfandad, la soledad y la incertidumbre como condición humana en seres humanos, por siempre, hechos en nuestra vital y mortal incompletud, tratando existencial, ética y moralmente de ajustarnos las carnes a los huesos, el cerebro al corazón y a la memoria, y por más animales políticos, sociales y racionales que somos lo único que hemos logrado ser y hacer en el mundo de arriba, en el cielo de en medio y en la tierra de abajo es cavar más en el profundo pozo negro, muriendo, desapareciendo y desplazándonos a ningún otro lugar y a ninguna otra parte.

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