“Vivimos en un sistema que ha declarado la guerra a la vida”

Álex Ten

Durante los últimos meses hemos visto de cerca los efectos del cambio climático y cómo sus múltiples manifestaciones han devastado ecosistemas y sociedades. Una devastación que repercute por encima de todo en las mujeres, acrecentando su vulnerabilidad dentro de las sociedades y, debido a la mayor dependencia que éstas tienen de la tierra -según un estudio de la ONU en el planeta hay cerca de 600 millones de mujeres que dependen de la vida en el campo-, generando un aumento en sus cargas de trabajo.

“Las mujeres se ven más afectadas por el cambio climático, porque tienen una dependencia financiera menor y están mucho más sujetas a los resultados agrícolas”, explica la periodista de The Guardian Fiona Harvey en la conferencia Justicia Climática: la perspectiva de género en la transición energética, organizada por Los Verdes en el Parlamento Europeo.

De forma tradicional las mujeres han ocupado una posición determinante en la estructuras familiares patriarcales que les hace depositarias de las labores de cuidado y sostenimiento de las vidas que componen la familia. Unas labores que, además de estar excluidas de los mercados laborales, las convierte en las principales gestoras de los recursos energéticos naturales, dada la importancia que éstos tiene para garantizar la supervivencia de los seres humanos. Es por todo ello que las sequías, incendios, inundaciones o huracanes, efectos indiscutibles del cambio climático, atacan de manera directa a las mujeres, pero también a la vida del resto de componentes familiares que dependen de sus cuidados.

Se trata de una realidad que a simple vista puede parecer lejana por la mayor dependencia ecológica de las mujeres agrícolas en los países en vías de desarrollo, sin embargo, el cambio climático también horada las diferencias entre hombres y mujeres en la propia Unión Europea. “Hemos comprobado cómo se ha rechazado cualquier enmienda propuesta sobre problemática de género en la revisión de las leyes energéticas que tenemos y es importante tomar conciencia de ello porque los impactos del cambio climático entre hombres y mujeres son muy diferentes. Por ejemplo, cuando en 2003, Europa vivió una de sus peores olas de calor y en Francia las víctimas mortales ascendieron a casi 15.000, el 65% fueron mujeres”, relata el eurodiputado de EQUO, Florent Marcellesi.

También se pudo ver como el cambio climático incidió de manera indiscriminada en la vida de las mujeres durante el huracán Katrina de 2005, cuando, según datos manejados por Fiona Harvey, “el 83% de las mujeres solteras no pudieron volver a sus hogares en menos de dos años y dos tercios de las personas que perdieron su empleo eran mujeres”.

Esa indefensión a la que las mujeres se ven atadas está fundamentada en un sistema que, en palabras de Nerea Ramírez, co-coordinadora general de Ecologistas en Acción, “ha declarado la guerra a la vida”. Un sistema en el que las decisiones fundamentales de materia energética se toman en base a unos criterios que excluyen la sostenibilidad del planeta y que , para nada, “tienen en cuenta a las mujeres”. Tanto es así, que en España sólo dos de cada diez directivos de las grandes multinacionales son mujeres, teniendo, además, la desoladora cifra de ‘cero’ representantes femeninos en la dirección de las gigantes energéticas españolas.

A nivel político, en España ni tan siquiera ha habido una mujer que ocupase la cartera del Ministerio de Energía, ni durante la república, mucho menos en la dictadura franquista, y tampoco en la historia reciente de la democracia. Europa tampoco puede sacar pecho al respecto: desde 1967 hasta la actualidad tan sólo una mujer ha estado al frente de la comisión de Energía, curiosamente fue la ministra de Agricultura del PP de Aznar, Loyola de Palacio.

Esta tendencia habitual de apartar a las mujeres de la toma decisiones sobre las políticas ecológicas y medioambientales provoca que sus necesidades y sus análisis queden relegados a un plano anecdótico, señalan varias de las ponentes de ‘Justicia Climática’. Es por ello que si entendemos el cambio climático como un problema que sólo podría revertirse, en palabras de Fleur Newman, mediante “una transición radical” hacia las energías renovables, es necesario que se feminicen los espacios de diagnóstico y toma de decisiones.
Las mujeres “son agentes esenciales del cambio”

“Las mujeres no sólo son víctimas, también son agentes esenciales del cambio que vertebran las luchas por la defensa de los territorios”, expone Nerea Ramírez, quien entiende que “para poder hablar de políticas energéticas tenemos que hablar desde la lógica del sostenimiento de la vida, en la que las mujeres tienen mucho que decir, porque no hay nadie mejor que ellas para hablar de sostenimiento de la vida”.

Son principalmente mujeres, quienes combaten los efectos de un cambio climático permitido y tolerado mayoritariamente por hombres que ocupan altos cargos de gobierno. Mujeres como Lolita Chávez, nominada al premio Sajarov por su defensa de la vida ante las amenazas medioambientales de los tratados de libre comercio entre EEUU y los pueblos latinoamericanos o como Berta Cáceres, que perdieron su vida por enfrentarse a los macro-proyectos hidroeléctricos que amenazan la tierra.

También son mujeres las alcaldesas del cambio que han tratado de cambiar el rumbo de las grandes ciudades españolas y han legislado contra una pobreza energética que ha dejado al “26% de la población en situación de vulnerabilidad”, según un estudio realizado por Ecologistas en Acción para el Ayuntamiento de Madrid.

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