México Desahuciado. Dependencia, régimen político y luchas populares

Por Javier García Ramírez
Reseña del libro homónimo de Adrián Sotelo Valencia

‘México Desahuciado. Dependencia, régimen político y luchas populares’ del Dr. Adrián Sotelo Valencia es la tercera parte conclusiva de una trilogía compuesta por ‘México (re)cargado: Dependencia, neoliberalismo y crisis’ y ‘México (des)cargado: Del Mexico´s moment al Mexico´s disaster’. En esta obra se analiza la crisis del capitalismo contemporáneo, concretizando en el caso de México, siguiendo la temática en torno a la respuesta popular que tiene la sociedad ante los altos niveles de pobreza, precarización laboral, marginación, violencia y represión por parte del Estado mexicano y de la burguesía nacional e internacional, todo esto dentro del enfoque de la teoría de la dependencia.

¿Qué es la dependencia?

Ruy Mauro Marini en ‘Dialéctica de la Dependencia’ (https://lahaine.org/eK4z) nos dice: […] “La dependencia, entendida como una relación de subordinación entre naciones formalmente independientes, en cuyo marco las relaciones de producción de las naciones subordinadas son modificadas o recreadas para asegurar la reproducción ampliada de la dependencia. El fruto de la dependencia no puede ser por ende sino más dependencia” […]

Sobre este eje se señala una de las características que la teoría de la dependencia expone sobre los países dependientes y es que, a diferencia de los países coloniales, estos tienen una independencia política formal frente a los países imperialistas, sin embargo, como se aprecia incluso cotidianamente, esta “independencia política formal” está desapareciendo, dejando a México en el abierto neocolonialismo y la profunda dependencia.

¿Cómo es que la “independencia política formal” se ha ido perdiendo?

Cómo se lee en el segundo apartado del libro -La coyuntura del México desahuciado- es el agotamiento de la Industrialización por Sustitución de Importaciones y la crisis de la deuda externa lo que impone al neoliberalismo como patrón de reproducción de capital en México, la caída en el precio del barril de petróleo en 1981 de 35 dólares a menos de 20 dólares, terminó con la euforia del boom petrolero, la tan esperada “administración de la abundancia” nunca llego; y por si fuera poco, las tasas de interés internacionales comenzaban a aumentar peligrosamente para la deuda mexicana, la tasa Libor entre 1977 y 1981 paso de 5.87% a 16.79%, mientras que la tasa Prime se incrementó en los mismos años de 6.82% a 18.87%.

Durante este periodo, el gobierno mexicano comenzó a solicitar nuevos créditos para pagar los intereses de los viejos prestamos, en su intento por liquidar la deuda comenzó un proceso de endeudamiento acelerado, un círculo vicioso que concluyó con el envió de un telex a Nueva York en el que se informaba que ya no se podía cubrir el servicio de la deuda del siguiente mes, así, el 22 de agosto de 1982 el Secretario de Hacienda, Jesús Silva-Herzog Flores, pidió una prórroga de 90 días para pagar los intereses de la deuda pública que acumulaban más de 91,000 millones de dólares.

En un plan más que estratégico: los bancos -mayoritariamente estadounidenses- cerraron las líneas de crédito hacía México. La negociación y el pago de la deuda implicarían -al igual que en gran parte del mundo- legalizar e institucionalizar la superexplotación de la fuerza de trabajo y el saqueo de sus recursos naturales, intentando negar y cancelar la viabilidad de la existencia de naciones enteras como es hoy el caso de Grecia. Los programas de austeridad y ajustes macroeconómicos son una primera forma de traspasar los costos de la crisis hacia los trabajadores y la sociedad en general de los países subdesarrollados, sacrificando el bienestar de millones de personas; justamente como diría Michel Camdessus, director del FMI, en 1988 en París: “Los países deudores deben continuar con sacrificios porque sin ajustes no habrá financiamiento”.

El saldo de la privatización lo podemos dividir de la siguiente forma, en ramas productivas, servicios públicos e infraestructura:
a) Ramas productivas: telecomunicaciones, transporte, fertilizantes, petroquímica, minería, siderurgia y automotriz.
b) Servicios públicos: agua, basura, vivienda, educación, distribución de alimentos, distribución de energía, seguridad pública (policía y cárceles), salud y seguridad social, ahorro y servicios financieros, cultura y entretenimiento, transporte y comunicación.
c) Infraestructura: espacios públicos, radio, puertos, aeropuertos, televisión, carreteras y satélites de telecomunicaciones.

Lo anterior es una historia bastante similar a la que nos explica Adrián Sotelo en el apartado: México en el umbral de la crisis mundial del capitalismo: Caída en los precios internacionales del petróleo, alimentos y materias primas -que vuelven inviable la reprimarización de la economía- y un aumento desproporcionado de la deuda externa.

Con la imposición del neoliberalismo, la economía nacional se especializó en un patrón de acumulación de capital manufacturero exportador dependiente basado en un régimen de superexplotación del trabajo y precariedad laboral que hoy tiene síntomas de agotamiento, pero que como mencione anteriormente la caída en los precios de alimentos como el maíz, azúcar, café y materias primas tales como el petróleo, la plata, la soja y el níquel…imposibilitan la reprimarización.

Ante la profunda y estructural crisis en México, el régimen político -independientemente de si en él predominan a nivel federal, estatal o municipal partidos de derecha, centro o izquierda- acentúa su guerra en contra de nuevas formas de producción autogestivas y comunitarias que no entren en su dinámica de producción de plusvalor, formas que de ninguna manera son representadas por el institucionalismo priista, panista, perredista, morenista…ni por algún partido de la derecha o de la izquierda bien portada. Por lo que las verdaderas alternativas y luchas surgen desde el abajo popular.
En México las luchas no han sido únicamente anticapitalistas, sino luchas en contra de cualquier tipo de explotación, marginación, exclusión, invasión, saqueo y en general hacía cualquier agresión contra la vida y las relaciones comunitarias que son ancestrales en estas tierras.

Es por eso que, hoy en día no es de extrañar que las luchas sigan y se agudicen al mismo tono de la ofensiva del capital contra todo el pueblo mexicano. La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y las escuelas normales rurales -hoy más visibles por la masacre y desaparición ejercida contra los normalistas de la escuela Raúl Isidro Burgos- son al menos dos movimientos de entre miles, que reavivan la lucha de clases en todo el país, estas luchas prometen avivarse y acrecentarse con las elecciones presidenciales del próximo 2018 en el país, además del aumento de la represión y la política imperialista y genocida de Donald Trump, que incentivan luchas que claramente están contra todo el régimen de superexplotación que ha mantenido y sostenido por décadas el orden actual que sostiene al régimen político y a los capitales nacionales y extranjeros, recordándonos que -a decir nuevamente de Marini-: La lucha contra la superexplotación es la lucha contra la dependencia, y “su liquidación supone necesariamente la supresión de las relaciones de producción que ella involucra.”

Es decir una lucha verdaderamente anticapitalista

Bibliohemerografía
. Excélsior. 29 de octubre de 1988.
. García Ramírez, Javier. La fuerza de trabajo mexicana en el capitalismo contemporáneo: La ventaja comparativa de la superexplotación. 1982-2014. Tesis de licenciatura en Economía. UNAM. 2016.
. Marini, Ruy Mauro. Dialéctica de la dependencia. Ed. Era. México. 1977. P.p. 18.

 

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