TEATRO CRÍTICO

 

Alberto Híjar Serrano

 

 

Los libros de homenaje a Enrique Ballesté, honran al teatro en México y reivindican la unidad dialéctica entre lo popular y lo nacional. Con el sello de la Secretaría de Cultura, prueban la capacidad de los promotores para convencer a una institución de Estado gracias a la calidad de la propuesta editorial. Tras ella, hay un trabajo constante y excelente de documentación y archivo de textos e imágenes acompañado por el cultivo de testimoniantes históricos de primera mano, desde cronistas como Armando Partida y Fernando de Ita, hasta teatreros como Fernando Betancourt, Abigail Viveros y el legendario Tonino. Cada página exigió un cuidadoso diseño para apoyar con facsímiles, credenciales, recortes de prensa, programas y fotos a color, la transcripción de las puestas en escena y las narraciones sobre las convivencias de grupo. Una red de relaciones sociales construidas como identidad activista, alimenta toda esta praxis estética, la regocija, la revitaliza. Por ejemplo, mi encuentro en el centro de Tlalpan con la inminente doctora en antropología Liliana García, estudiosa de Judith Reyes y León Chávez Teixeiro, quien corrió a su casa para traerme los dos tomos de más de doscientas páginas cada uno de la Antología dramática: Enrique Ballesté.

Armando Partida precisó en los ochenta, la renovación del teatro en México gracias a Enrique Ballesté. Es uno de tantos movimientos históricos resultantes del movimiento del 68. La toma del Foro Isabelino de la UNAM el 21 de enero de 1973 y la fundación del CLETA, puso en acción a los trabajadores de la cultura, urgidos de articulación con las luchas contestatarias. Bien dice León Chávez Teixeiro que todos los activistas de la praxis estética contra el estado opresor, pasamos por ahí. Las primeras obras nos marcaron no sólo por la elocuencia del título El Fantoche y su poder, sino por una crítica estrictamente brechtiana de innovación formal influida por el grupo venezolano Rajatabla y las canciones de Ballesté cantadas con movimientos escénicos. Los desprendimientos hacia el público, la interpelación como motor dialéctico fueron logros estéticos de alta calidad. La música de Ballesté fue grabada en disco y hay al menos todavía un grupo, “Plan de Acción” de Alexander Bernal y Rogelio Martínez, que la activa en plantones y campamentos con su frase clave: “eres tú, y soy yo, somos todos a la vez, lo mejor de un país que hoy empieza a amanecer”.

Fernando Betancourt recuerda el Primer Encuentro Latinoamericano de Teatro y la Quinta Reunión de los Teatreros Chicanos con el Grupo Zopilote en acción con los maestros colombianos Santiago García y Enrique Buenaventura, el brasileño exiliado Augusto Boal, los ecuatorianos Ilonka Vargas y Ulises Estrella, Henry Romero de Perú, María Escudero y su grupo de Neuquen, Argentina, el Grupo Triángulo de Venezuela, el chicano Luis Valdés del Teatro Campesino, Jorge Vargas de la Universidad de California. Me recuerdo en Culiacán explicando a toda la élite teatrera mi exitoso cursillo Marx para teatreros. La primera gira por Centro y Suramérica cumplió con invitaciones de grupos como la Federación de Estudiantes de Guatemala que reunió 50,000 espectadores. José de Molina abría con su canto retador y su presencia poderosa. Los intercambios enriquecieron a los grupos y a los individuos, tal como ocurrió con el dueto Hermanos Barbantín de Ballesté y Betancourt cantando en el transporte público a manera de invitación y recolección de fondos.

Ballesté y su grupo Zumbón lograron patrocinios de universidades, gracias a su presencia exitosa  en festivales y encuentros. Alguna parte en algún tiempo fue la primera participación en el Festival de Primavera del INBA en 1967.

Luis de Tavira recuerda su encuentro con el grupo de Ballesté ensayando en el vestíbulo de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM al caer la noche. Fue tal el impacto que vivió que no dudó en incorporarse al grupo dirigido por Ballesté de 23 años con toda la furia crítica, el sarcasmo y la ironía, con la alusión pertinente al mundo en crisis. Teatro brechtiano, épico y espectacular, reflexivo y crítico con el teatro del absurdo incluido, para dar lugar a la poesía aprendida con el montaje de Misterio Bufo de Mayakovski como inspiración de la Tropicópera de 1975: la vanguardia rusa en acción actualizada.Vida y Obra de Dalomismo ganó el Tercer Festival de Primavera con un jurado del que formaron parte Malkah Rabel y Luis Tovar. Crecían figuras tan discretas como Sergio “Checo” Valdéz escenógrafo y vestuarista premiado. Fue en el fin de siglo cuando sistematizó el muralismo comunitario a raíz de la destrucción militar de la sede del primer Municipio Autónomo Zapatista en Taniperla con todo y mural. Con veinte zapatistas en la cárcel de Cerro Hueco siguieron la solidaridad internacionalista que reprodujo el mural no menos de sesenta veces. Fiel a su formación, Checo Valdés se dice muralero que no muralista y yo recuerdo el asterisco de la revista cubana de teatro Conjunto para aclarar que el término teatrero aplicado a los trabajos del grupo salvadoreño Sol del Río 32, no es despectivo. Por supuesto, es una manera de rechazar el espiritualismo del aura artística, por lo visto, no sólo combatida por Walter Benjamin.

El internacionalismo no fue sólo por las giras, sino por los puntos de partida, lo mismo de Eurípides que de Shakespeare, Brecht, Mayakovski, la República Española, los héroes patrios como Benito Juárez descrito por Ballesté como zapoteco que se apropia del saber mestizo para ser lo que es. Un veterano de estos andares, cuenta en el libro la desazón de  su familia por su abandono de los estudios en la escuela para afirmar que con Zumbón, el estudio y la investigación dejaron de ser obligación para transformarse en necesidad satisfecha en colectivo. No frecuentaron a José Revueltas, pero ahí está la democracia cognoscitiva que agrupa al dar sentido histórico y social, ubicar al individuo en el colectivo, crear lazos afectivos poderosos con dialéctica interdisciplinaria como la descrita por Cecilia Appleton, directora de Contradanza quien colaboró con movimientos escénicos necesarios. El Lago de los cisnes al encuentro del Jarabe Loco como ocurre en Puente Alto la obra postrera de Ballesté.

Grandes libros para un personaje ejemplar, digno de emulación para construir la épica crítica de estos días que Brecht llama “tiempos oscuros”  y Lillian Hellman precisa como “tiempo de canallas”.

4 enero 2018

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