Verdad y mentira en la política

 

Hoy se habla de la post-verdad en política, lo cual no deja de ser un eufemismo para referirse a la justificación de la mentira. Pero no estamos hablando de algo nuevo, como muy bien nos recuerdan, con su plena actualidad, los dos textos, tan breves como valiosos, que componen el libro, en esta última reedición, de Hanna Arendt. Recordemos que la autora, que seguramente no necesita presentación, es una filósofa alemana, nacida en 1906, de origen judío, afincada en EEUU desde 1941 hasta el momento de su momento (en New York, el año 1975). Los dos artículos son diferentes peor muy complementario. El primero, “Verdad y política”, fue publicado en 1967, en el contexto de la polémica desatada a raíz de la publicación de Eichmann en Jerusalén. El segundo, “La mentira en política”, se publicó en 1972.”Verdad y política” es un ensayo sobre filosofía política. Interesante y denso, pero como luego explicaré discutible en alguno de sus planteamientos. De entrada la filósofa sitúa un cierto desplazamiento de la cuestión, ya que si bien la mentira siempre ha existido en política, la formulación básica era el secretismo y la ocultación de hechos, el sacrificar la verdad por intereses del poder. Así lo formularon, por ejemplo, Maquiavelo y Hobbes. Es la cuestión de saber si siempre es legítimo decir la verdad. Pero desde el siglo XX se trata de la mentira sistemática y deliberada con fines políticos. De hecho, la segunda parte del libro ejemplificará muy bien a qué se está refiriendo. Otra cuestión que señala, en este sentido, es la confusión deliberada entre hechos y opiniones. Hanna Arendt acaba planteando la diferencia entre verdades filosóficas y verdades fácticas, que es lo que finalmente quiere remarcar. La verdad, dice, tiene una fuerza terrible porque el poder puede ocultarla o tergiversarla, pero está allí. Recuerda la frase de Machado: “La verdad es la verdad, dígala Agamenón o el porquero”. Y aquí estamos hablando de la verdad de los hechos. Hechos que, evidentemente son narrados y en esta narración hay elementos interpretativos y retóricos, pero que en ningún caso pueden distorsionar la realidad de lo que es. Estamos en una formulación clásica de la verdad, por supuesto, que es la aristotélica : la verdad como adecuación del enunciado con el facto, con los hechos. Dice la autora que es con Homero cuando comienza esta voluntad de verdad, al decidir ser imparcial y contar

las hazañas de los troyanos como la de los aqueos, exaltar tanto la gloria de Héctor, el enemigo derrotado, como de Aquiles, el héroe del pueblo del poeta. Ciertamente la imparcialidad es una cara de la verdad, seguramente la más difícil de asumir desde la perspectiva política de cada cual. Y es muy expresiva la manera como Hanna Arendt acaba el artículo: “Es posible definir la verdad como aquello que no podemos cambiar; en términos metafóricos, es el terreno que pisamos y el cielo que se extiende sobre nuestros cabezas.” En el mundo de la politiquería se niega esta verdad, pero si queremos dignificarla como algo noble, entonces es a partir de ella que podemos ver el horizonte de lo que podemos y queremos cambiar. Es la libertad que nos permite imaginar la transformación de lo que hay para abrirnos a otro mundo posible. Sartre, contemporáneo de Hanna Arendt ( y que esta no cita) hablaba del imaginario en este sentido y lo prescribía totalmente cuando modificada lo real de la percepción.

Pero lo que me parece que falla en la reflexión de Hanna Arendt es la demarcación entre lo que el el hecho y el valor, el enunciado y el discurso. Habla de verdades de hecho y de verdades filosóficas y realmente no queda claro a lo que se refiere con este último término. ¿Qué es una verdad filosófica ? A menos que nos situemos en un nivel metafísico, cosa que Hanna Arendt tampoco parece que pretenda, es un término muy confuso. ¿Existen las verdades políticas o morales o son simplemente ideales? Por otra parte, al no diferenciar entre lo que es un enunciado y un discurso, y entre lo que es un discurso informativo y uno argumentativo, resulta todo lo que dice muy sugerente pero parece que no acabamos de clarificar de que verdad hablamos cuando nos referimos a la política, exceptuando, claro, la verdad de los hechos. Pero hay que entrar también en la validez de las argumentaciones, que es otra manera de concluir hechos.

El segundo escrito es un análisis, tan preciso como certero, de las implicaciones políticas, desde el punto de vista de la verdad y de la mentira, de lo que puso de manifiesto la publicación en el New York Times, el año 1971, del confidencial archivo del papel desempeñado por los norteamericanos en Indochina (Vietnam) desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta el año 1968. El informe fue encargado pro Robert McNamara en junio de 1967 y acabado en enero de 1969. Lo que se pone de manifiesto es que durante estos años las élites militares, en colaboración con profesionales “de resolución de problemas” se dedican deliberadamente a falsear los hechos, entendiendo la política como puro marketing. Los asesores militares de la Seguridad Nacional filtraban la información que no les interesaba al Presidente, que podía manipularse con facilidad. Aunque hay ciertamente una deriva que va de Einsenhawer hasta Johnson, ya que si el primero sentía todavía un compromiso hacia la Constitución y el Congreso, en el segundo esta reserva ya se había eliminado. .Al mismo tiempo se engaña sistemáticamente a la opinión pública y al mismo congreso.Vamos, efectivamente, a lo que Sheldon S. Wolin llamaría “Democracia S.A. O el fantasma del totalitarismo invertido”. Todas las hipótesis que se barajaron para la toma de decisiones, desde la teoría del dominó hasta la conspiración comunista mundial del bloque chinosoviético, era decididamente falsas. Los hechos contradecían de manera rotunda y continuada cada una de estas formulaciones. Vale la pena saber, como nos recuerda este escrito, que lo que vivimos no hace mucho en relación a la Guerra de Irak no era, bien al contrario, una novedad.

De hecho se barajaban diferentes discursos para justificar la intervención que iban dirigidos a audiencias diferentes. Se hizo mal y además mintiendo constantemente. En realidad, señala Hanna Arendt, no había intereses económicos ni geopolíticos sino la pura arrogancia del poder, el mantener la imagen de omnipotencia, la de mostrar al mundo la superioridad militar y política de EEUU. Es decir, que el terror que finalmente multiplicó esta escalada de mentiras fue al impacto que tendría a nivel mundial el desprestigio de EEUU. Evidentemente la mentira no solo concernía a los hechos, sino a las propias consecuencias que tendría sobre el país el mantenimiento de la intervención bélica. Desgraciadamente Hanna Arendt se equivoca cuando dice que todo esto puede cambiar. En algún momento y en algún sentido quizás, pero el escenario actual es peor que el que nos describe en este libro.

En conjunto un libro que vale la pena leer. Hay que mantener la veracidad como una virtud política. Se equivoca Hanna Arendt cuando dice que nunca se ha hecho. Michel Foucault nos lo recordó en sus dos últimos cursos en el Collège de France cuando recuperó el concepto griego de Parrhesia o coraje de decir la verdad.

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