La lucha por los palestinos es correcta y llevará a un “éxodo significativo de judíos”

Por Philip Weiss
Lo dice el judío Henry Siegman
Todos el mundo debería leer el largo artículo de Henry Siegman publicado en el National Interest sobre las “implicaciones de la táctica de Jerusalén del presidente Trump”. Siegman es un gran líder porque ha rechazado el oficialismo estadounidense y judío, del que es miembro, para declarar que la solución de los dos estados está muerta y enterrada.
También es un profeta en la medida en que está aconsejando a los judíos estadounidenses que renuncien a su apego al sionismo por ser una letra muerta, no diferente de un Estado cristiano aquí, y así prepararse para un futuro en el que Israel estará aislado como un estado paria y para un “éxodo significativo de los judíos de Israel”.
Sus palabras son asombrosas porque Siegman, un sobreviviente del Holocausto que ahora tiene alrededor de 80 años, era sionista y presidente del Congreso Judío Mundial. Su valentía de renunciar a las creencias políticas que han animado su vida es inspiradora.
Su intervención es especialmente significativa porque esta semana Barack Obama volvió a una prominente sinagoga de Nueva York, sacó a relucir su habitual muletilla acerca de ser el mejor amigo de Israel y suavizó su golpe final -permitir que pasase la resolución de las colonias en el Consejo de Seguridad- diciendo que la construcción de colonias se había “disparado”, por lo que tuvo que hacer algo. Ninguna visión, en absoluto, de una persona que tiene un alto grado de libertad en su vida. Siegman golpea duramente a Obama en su texto.
Aquí hay algunos pasajes cruciales. Cerca del final del artículo, Siegman expone la cruel ilusión de Oslo, elogia a Trump por romper “la ilusión de un final de dos estados” y al final convertir la lucha en una por la igualdad de derechos en un Estado. Observen cómo se alinea con las esperanzas e idealismo de los jóvenes palestinos.

Nada ha sido tan dañino para la lucha palestina contra la ocupación de Israel y el robo incesante de territorio destinado a su Estado como la insistencia de Abbas en la preservación de la Autoridad Palestina y el mito de que sirve como “un Estado en formación” cuando claramente permitió a Israel consolidar su ocupación. El movimiento de Trump en Jerusalén logró lo que años de colonias israelíes no lograron: romper la ilusión de dos estados y permitir que el movimiento nacional palestino se convierta en una lucha por sus derechos, es decir, una lucha para acabar con el régimen de apartheid de facto de Israel. Un camino que he defendido durante más de una década y ahora cada vez más aceptado por los jóvenes palestinos. Lo que es particularmente significativo es que esta generación más joven está optando por una lucha por la igualdad de derechos en un solo Estado, no por la desesperanza de lograr un Estado propio, sino porque es su solución preferida.

Siegman luego respalda la lucha por la igualdad de derechos y el fin del sionismo. Esta es su conclusión. Noten la claridad de su fraseo. No hay evasiones aquí. Y fíjense en las repetidas referencias a un éxodo de judíos.

Es la elección correcta, ya que su lucha por un Estado propio es algo que los palestinos no pueden ganar, mientras que una lucha para mantener un régimen de apartheid tampoco es una lucha que Israel puede ganar.

Si después de lo que sin duda sería una larga y encarnizada lucha contra el apartheid prevalecieran los palestinos, serían una clara mayoría. Habiendo establecido el principio de que la mayoría puede imponer a la minoría la identidad religiosa y cultural del Estado, Israel no estará en una posición fuerte para negar a los palestinos ese mismo derecho. Eso llevará a su tiempo a un éxodo significativo de los judíos de Israel.

Si los palestinos no prevalecen, entonces el innegable carácter de apartheid del Estado y el costo de la lucha continuarán con el mismo resultado: un éxodo de los judíos de Israel con el tiempo, creando un desequilibrio demográfico aún mayor entre las poblaciones judía y árabe del país. Los palestinos no se irán porque no tendrán adónde ir.

A continuación no hay lágrimas para el sionismo. Y una advertencia a los judíos estadounidenses para que abandonen el sionismo.

Por lo tanto, es probable que el resultado sea el fin de Israel como Estado judío. Si es así no será un resultado provocado por los movimientos de BDS, sino por los propios israelíes, no solo por su rechazo a la solución de dos estados, sino por su insistencia en definir la identidad nacional y las reivindicaciones territoriales de Israel en términos religiosos. Un Estado que rastrea la ciudadanía a través de la conversión religiosa al judaísmo patrocinada por el Gobierno, como hace ahora el Gobierno de Israel, no puede ocultar por mucho tiempo que privilegia a sus ciudadanos judíos, al igual que los Estados Unidos no podrían afirmar que son una democracia si la conversión al cristianismo fuera el camino a la ciudadanía estadounidense.

Por supuesto los palestinos llevan diciendo esto mucho tiempo.
Palestinos idealistas y amantes de la democracia como Ali Abunimah, Omar Barghouti y Linda Sarsour. Sí, amigos, pero es significativo que un miembro del Consejo de Relaciones Exteriores y exlíder sionista lo diga.
Otros párrafos. El proceso de paz es una mentira y una estafa.

Los críticos de la declaración de Trump advirtieron que pondrá fin a la posibilidad de una reanudación del proceso de paz. Aparentemente la palabra de que el proceso de paz está muerto y enterrado nunca les llegó. La ficción de su existencia no tuvo otro propósito que el de proporcionar a Netanyahu una versión de su mentira de que la razón por la que Israel ya no es un Estado de apartheid es porque está esperando la reanudación del proceso de paz con un liderazgo palestino más complaciente.

Los líderes de las democracias occidentales aún no han acabado con su vergonzosa colaboración con esta estafa israelí. No es que lo hayan creído alguna vez, pero tenían que fingir que lo hacían, porque de lo contrario tendrían que explicar por qué instaron al Consejo de Seguridad a imponer sanciones a Rusia por su apropiación de tierras en Ucrania pero se negaron a imponer sanciones a Israel por sus acaparamientos de tierras en Cisjordania y Jerusalén.

Obama fue parte de la permanencia de esta estafa:

Esta pretensión fue también lo que llevó al presidente Obama a decir en uno de sus discursos en la Asamblea Anual de la Asamblea General de la ONU algo escandalosamente falso: que la ONU no es el lugar al que los palestinos pueden llevar su búsqueda de autodeterminación y estadidad porque eso solo puede resolverse en negociaciones directas con Netanyahu. Nadie sabía mejor que Obama que la ONU se estableció exactamente por esa razón: para ayudar a las poblaciones bajo el antiguo control colonial a alcanzar la autodeterminación.

Aquellos que dicen a los palestinos que negocien son crueles y chiflados.

Sería una locura que Abbas reanudase las negociaciones que tanto Israel como el autodenominado mediador han declarado públicamente que permiten a Israel apoderarse del territorio palestino. Porque, ¿qué es lo que los palestinos sin poder tienen a su favor en estas negociaciones aparte del derecho internacional?

Los liberales judíos no reconocerían a Israel. Su cultura está determinada por la brutalidad de privar de derechos a las personas por motivos raciales:

La cultura política dominante de Israel hoy es mucho más reflexiva de los valores autoritarios de Trump y similares de europeos. Es el predecible subproducto de una cultura moldeada por la represión implacable y la privación total de derechos de sufragio por parte de millones de personas bajo el régimen militar de Israel que se encuentra ahora en su quincuagésimo año. Prácticamente todos los ciudadanos judíos israelíes jóvenes pasan tres maleables años de su joven vida mirando a los palestinos a través de la mira de su rifle como posibles objetivos a eliminar.

Anécdota lacerante que muestra el racismo israelí, énfasis mío.

Estuve en Israel durante el lanzamiento de un nuevo libro de un autor e historiador, Raphael Israeli, profesor emérito de la Universidad Hebrea. El evento, que atrajo a una gran grupo del Likud, incluyendo ministros del Gobierno y miembros de la Knesset, me recordó -como nunca lo hizo ninguna otra cosa en mis más de sesenta años de compromiso profesional con el conflicto Israel-Palestina- cuán tristemente desinformado están no solo el público estadounidense sino nuestros funcionarios del Gobierno y los académicos de las realidades sobre el terreno en Israel y en los territorios ocupados palestinos.

La tesis central de este nuevo libro, titulado The Arab Minority in Israel  (publicado solo en hebreo), es que los árabes israelíes son una quinta columna “que chupan de las tetas del Estado” y no pueden integrarse en la sociedad israelí. Expresando su admiración por el internamiento de ciudadanos japoneses durante la Segunda Guerra Mundial, el autor defiende el confinamiento de los árabes israelíes en los campos de concentración. El autor considera que Israel no ha tomado tal medida como una señal de “un Israel debilitado que ha perdido su voluntad de existir”. Porque “aunque los árabes se identifican abiertamente con nuestro enemigo…” no solo no están encarcelados en los campamentos, les permitimos permanecer entre nosotros”.

Estos no son residentes palestinos de Cisjordania, sino que está describiendo ciudadanos palestinos del Estado de Israel.

También hay una excelente historia religiosa sobre la falta de apego de los judíos a Jerusalén como lugar.

Los musulmanes vivieron en Jerusalén y adoraron en el Noble Santuario durante más de un milenio. La mayoría de los judíos no vivieron en Jerusalén durante los últimos dos milenios, incluso en tiempos en que podían hacerlo…

De hecho, el apego judío a Jerusalén no se relacionó con su condición de ciudad capital, sino con la ubicación de los Batei Hamikdash, los dos templos antiguos; Jerusalén no era conocida como Yerushalayim Habira (Jerusalén, la capital). Cuando el segundo Templo fue destruido y los sabios aplazaron su reconstrucción y la reanudación de sus rituales para tiempos mesiánicos, ya no había una razón de peso para vivir en Jerusalén. La pequeña comunidad ortodoxa que continuó existiendo en Jerusalén considera que el sionismo es una herejía y hasta el día de hoy no reconoce la legitimidad religiosa o política del Estado de Israel.

Los fundadores del movimiento sionista tenían poco respeto por el Mesías, y aún menos por Jerusalén…

No entiendo por qué Siegman no está en todos nuestros periódicos y en los programas de cable. El New York Times debería entrevistarlo, Chris Hayes debería ser su anfitrión. Porque esto es noticia Para el oficialismo de EE.UU. es una gran noticia. La solución de los dos estados es una ilusión, el proceso de paz está muerto y enterrado, es una estafa que sirve a Netanyahu y los judíos deberían prepararse para un “éxodo significativo de judíos” de Israel, ya que ese país enfrenta un futuro de apartheid abierto o… democracia [palestina].
Mondoweis. Traducido del inglés para Rebelión por J. M.

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